miércoles, 22 de agosto de 2018

Quiero recordarte


Capítulo 3. Acordes de piano y guitarra

Sasuke siguió a Kurama por las escaleras en dirección a la planta baja, donde tenía lugar la fiesta. A medida que bajaba, el sonido enérgico de la guitarra y una dulce voz masculina eran cada vez más altos, logrando llamar su atención. De algún modo, esa voz le resultaba muy familiar, estaba seguro de haberla oído no hacía mucho; así que, en cuanto pudo, se asomó por la barandilla para ver quién cantaba…
Desde luego, desde que había llegado a Nome no había dejado de tener sorpresas: primero se encontraba con Naruto, el cual resultaba ser la persona que él creía que era imaginaria; después, descubría que este se encontraba en la fiesta de Kurama y que, además, su amiga tenía pensado emparejarlo con él; luego, el director de Biju resultaba ser mucho más inteligente y… extraño de lo que creía, despachaba a Sakura y le pedía que se quedara más tiempo en la ciudad, y, finalmente, se encontraba con Naruto en una esquina de la casa, tocando la guitarra y cantando Sing de Ed Sheeran.
Y, vaya, ¡cómo cantaba! Se movía de un lado a otro al son de la guitarra, la cual no fallaba ni una sola nota bajo sus habilidosos dedos, al igual que aguzaba o bajaba su entonación, acorde con la canción. Lo mejor de todo es que la multitud se congregaba muy cerca de él, bailando y a menudo haciendo los coros o cantando con él.
Sasuke no pudo evitar soltar una especie de carcajada sorprendida. Era simplemente increíble y disfrutaba viéndolo allí, tan relajado y feliz mientras cantaba y tocaba, se le veía tan cómodo que era como si hubiera nacido para eso.
Y, mientras se apoyaba en la barandilla para observarlo con tranquilidad, algo en su cabeza se iluminó.


Solté un suspiro de alivio cuando logré salir de mi casa sin que mi madre descubriera a dónde iba. Sabía que a ella le parecía muy sospechoso que, durante la última semana, hubiera pasado tan poco tiempo en casa, a lo que yo respondía que solía ir a ver a alguno de mis amigos, normalmente Hinata y Shikamaru, aunque procuraba decir que solía pasar las noches en casa de Sai, no fuera que se hiciera una idea equivocada… aunque, después de esta conversación, estaba totalmente seguro de que mi madre ya conocía la verdad.
Desde hace una semana, soy el novio oficial de Naruto. El muy diablillo me había hecho trabajar duro para convencerlo, si bien había necesitado tres semanas para lograr las tres citas, me hizo falta otra más para conseguir que fuera algo serio, es decir, un mes entero. Si hubiera sido otra persona, no habría sido tan difícil, habría bastado con decir: “sal conmigo ahora”, y la chica o doncel habría chillado de alegría o se habría desmayado.
Pero, una vez más, Naruto era la excepción. Ese era el motivo por el que me gustaba tanto, y también la razón por la que, por primera vez, quería intentar algo serio con alguien.
Tengo que reconocer que las tres citas no fueron fáciles para mí, sobre todo porque, desde el primer día, había sentido mucha curiosidad por tenerlo en mi cama. Naruto era pícaro y travieso, y juro que se burlaba de mí con esos comentarios tan calientes que me dedicaba justo cuando yo tenía la guardia baja. Sin embargo, la expectación, el hacerme esperar, formaba parte de su encanto… y, sinceramente, valió toda la pena del mundo.
Aun así, cuando le ofrecí salir juntos en serio, Naruto no estaba muy convencido. Él ya sabía que yo no era necesariamente la clase de persona que mantenía relaciones que duraran más de una noche y, la verdad, no lo culpaba. Su primera relación le decepcionó mucho, y temía que yo siguiera el mismo camino que esa persona. Sin embargo, tras una semana más, y viendo lo mucho que me había esforzado todo el mes que habíamos pasado juntos, accedió a darme un voto de confianza. Por ahora, llevábamos muy poco tiempo y era pronto para decir si nuestra relación sería muy sólida, pero de momento estábamos bien así y los dos queríamos ver hasta dónde llegaríamos.
Los únicos que sabían de mi relación eran mis cómplices Hinata, Shikamaru y Sai. La primera, como mi mejor amiga, se había ilusionado mucho al oír que estaba intentando tener una relación seria por primera vez y, por supuesto, se había ofrecido a cubrirme las espaldas con mis padres y mi hermano; Shikamaru, como cabía esperar, había mascullado que me cansaría enseguida de él, pero aun así dijo que me cubriría si le necesitaba, y por último, Sai se mostró rápidamente interesado en mi relación y lo primero que se le ocurrió decir (al muy idiota) fue que Naruto tenía que ser muy bueno follando como para que quisiera conservarlo, seguido de un: “¿puedo acostarme con él?”, con lo que consiguió un buen mamporro en la cabeza. Después de eso, comprendió que yo iba muy en serio y prometió ayudarme a ocultar mi noviazgo a mi familia.
No es que no quisiera contárselo, simplemente, quería esperar un poco para hacerlo. Itachi se pondría contento al saber que por fin me implicaba en una relación y mi madre se volvería loca de alegría si le decía que tenía pareja, razón de más para esperar a ver cómo nos iba a Naruto y a mí antes de que ellos se hicieran demasiadas ilusiones. Si después de unos meses los dos seguíamos juntos, se lo diría.
En cuanto a mi padre… Bueno, él era otro cantar, y la persona a la que más temía contarle que salía con Naruto. Porque, en lo referente a los donceles, mi padre tenía la mentalidad de un hombre del siglo dieciocho.
En aquella época, y durante cientos de años atrás, los donceles habían sido el foco de odio de la sociedad. Con su apariencia básicamente masculina pero con la capacidad de quedarse embarazados, habían sido considerados como seres antinaturales, sobre todo por varios grupos religiosos y, en consecuencia, perseguidos brutalmente para su extinción. En esos tiempos, muchos aprendieron a hacerse pasar por hombres o mujeres, según su aspecto, aunque la mayoría preferían lo primero debido a que ellos tenían mucha más libertad y privilegios. Aun así, a principios de siglo diecinueve, empezaron a ser aceptados, aunque se les concedieron los mismos derechos que a las mujeres, que no eran muchos debido a la sociedad machista del momento, pero al menos no hubo más ejecuciones. Básicamente, eran totalmente dependientes de un varón, primero de un familiar o tutor y después de un marido; y si no era así, los donceles solo podían acabar en los prostíbulos.
Sin embargo, a finales de ese siglo y durante la primera mitad del veinte, mujeres y donceles se unieron para reclamar la igualdad. Les costó mucho esfuerzo y sacrificio, pero gracias a eso, en la actualidad tenían los mismos derechos que los varones y existían leyes especiales para protegerlos.
Por desgracia, aún había gente que creía que los donceles deberían volver a limitarse a casarse, tener hijos y dedicarse por completo a sus maridos, mientras que otros más extremistas, como mi padre, pensaban que esa clase de personas eran… en fin, una ofensa a la naturaleza.
No quería ni pensar en qué haría si se enterara. Bueno, sabía que habría gritos y que me diría que debía cortar esa relación de inmediato, antes de que la familia de Karin se enterara.
Caminé en dirección a la casa de Naruto mientras pensaba en eso último. Sabía que no estaba bien salir con otra persona estando prometido, pero yo no sentía nada por esa chica ni ella tampoco por mí. En realidad, no creía que ninguna mujer o doncel me hubiera querido realmente; todos estaban cegados por mi atractivo y mi actitud un tanto fría y distante, no se habían molestado en conocerme de verdad. Tal vez las chicas con las que había estado estuvieran decepcionadas de que no volviera a ponerme en contacto con ellas después de una noche de sexo, pero estoy seguro de que no les había dolido. Además, yo advertía que solo buscaba una relación física, nada más, y de hecho, esa es la reputación que tenía en ese momento, la de un mujeriego.
Karin no era muy diferente a todas las demás, salvo que, como estábamos prometidos, esperaba que yo tuviera algún interés romántico en ella con el tiempo. Creía que yo me convertiría por arte de magia en el hombre de sus sueños, como si pudieran moldearme para ser alguien que no era. Ella amaba la imagen que tenía de mí, no al hombre que era realmente.
Por otro lado, Naruto sí me conocía, y por eso mismo no había aceptado ser mi pareja al principio. No es que él pensara que yo era una mala persona por ir de cama en cama, para él cada uno tenía unas necesidades diferentes y, en consecuencia, relaciones distintas, simplemente defendía que uno debía dejar las cosas bien claras y no herir a nadie. Sin embargo, eso no quería decir que creyera que alguien que había estado pasando de una amante a otra pudiera tener una relación seria de la noche a la mañana. Era normal que desconfiara de mí, aunque tuvo que reconocer que yo me habría cansado rápido de él teniendo en cuenta todo lo que me había hecho esperar para acostarme con él.
Estaba tan concentrado en mis reflexiones que no me di cuenta de que ya había llegado a casa de Naruto. Suspiré, dejando todas mis inquietudes encerradas en un cajón de mi mente; mi novio era muy receptivo y no quería que se preocupara, no me apetecía hablarle de mi padre y mucho menos quería que se enterara de que estaba prometido.
Aunque, tarde o temprano, tendría que decírselo. Mi corazón se encogió ante la idea; sabía que si quería que mi padre estuviera orgulloso de mí, tendría que romper en algún momento con Naruto y seguir adelante con la boda. Él me gustaba mucho, lo suficiente como para evitar hacerle daño… pero, aun así, no quería decírselo, todavía no. Quería estar un poco más con él.
No soy más que un egoísta.
Sacudí la cabeza y llamé al timbre, tomando una decisión: aún me quedaba un mes de verano, ese sería el tiempo que pasaría con Naruto. De esa forma, ninguno de los dos se encariñaría demasiado con el otro y él no saldría herido cuando rompiera la relación. Además, mi Naruto era fuerte, lo superaría rápido y me olvidaría.
Eso me dolió.
—¿Sí?
La voz de mi novio me sobresaltó y aligeró mi corazón a la vez.
—Sasuke.
Sin decir nada más, Naruto abrió la puerta y yo pasé dentro. Fui directo al tercer piso y me encontré con que la puerta de su casa ya estaba entreabierta para que entrara. Incluso antes de pasar, escuché la melodía de un piano; no era muy rápida, sino más bien ligera y, a medida que avanzaba, se volvía intensa, con un toque épico que le confería fuerza.
Me adentré en el apartamento, no muy sorprendido al escuchar las notas, aunque atraído por la música de todos modos. Tal y como sospechaba, encontré a Naruto frente a un piano de pared, el cual tocaba con los ojos cerrados y el ceño ligeramente fruncido, parecía muy concentrado.
Dejé mi mochila sin hacer ruido en el dormitorio y después me apoyé en el marco de la puerta del comedor, observándole con curiosidad. Desde nuestra primera cita, sabía que Naruto iba al conservatorio de música, y que uno de sus sueños era componer sus propias canciones para bandas sonoras, aunque me confesó que tampoco le importaría tocar en uno de esos restaurantes o bares que incluía música en directo.
Recuerdo haberle dicho que era difícil dedicarse a la música, y mucho más triunfar, pero él me dijo que si no lo intentaba, era seguro que jamás lo conseguiría. De todas formas, tuve que reconocer que Naruto tenía mucho talento, con diecinueve años, tocaba el piano, el violín, la guitarra acústica y la eléctrica, y la batería, además de que sabía utilizar todas las máquinas presentes en un estudio de grabación.
Yo lo admiraba, tanto por su decisión de cumplir su sueño como la pasión que mostraba por su profesión, bastaba verlo una sola vez tocando para saber que amaba lo que hacía. Y, una parte de mí, le envidiaba por ello: se dedicaba a lo que realmente le gustaba sin miedo al fracaso, a que alguien lo juzgara o se lo impidiera.
Era libre.
Y cuanto más tiempo estaba con él, más ansiaba ser libre yo también. Deseaba tener el valor de enfrentarme a mi padre y decirle que no quería formar parte de su empresa ni de ninguna otra. Aún no sabía lo que quería ser, a qué dedicarme, pero imaginaba la vida que se esperaba que tuviera y me sentía desdichado.
De repente, la música se detuvo. Miré a Naruto, quien estaba anotando algo en unos papeles a la vez que movía los labios, como si estuviera meditando en voz alta. De vez en cuando tocaba una tecla o hacía unos acordes y después volvía a tomar apuntes.
Curioso, me acerqué por detrás y le abracé por la cintura mientras apoyaba el mentón en su hombro. Él se giró y me dio un beso rápido.
—Perdona, Sasuke, dame un segundo.
—¿Qué estás haciendo?
—Componiendo.
Fruncí el ceño.
—Sabía que querías componer, pero creía que no lo hacías aún.
—Y no lo hacía. Esta es mi primera canción.
Ladeé la cabeza y me deslicé a un lado para sentarme junto a él.
—¿Puedo oírla?
—No está terminada, solo tengo la introducción con el piano y quiero añadir cuerda y un poco de percusión…
Sonreí al ver lo concentrado que estaba. Aun así, había apartado las manos del piano para acariciarme los brazos. Le besé en la mejilla mientras seguía murmurando para sí mismo lo que necesitaba para completar la canción.
—Me alegra que hayas empezado a componer. He oído lo que estabas tocando antes y era genial. Seguro que cuando la tengas terminada será preciosa.
Naruto se apoyó contra mi cabeza con un pequeño sonrojo.
—Gracias —dicho esto, me dio un beso un poco más largo en los labios. Aproveché la ocasión para profundizar el beso buscando su lengua con la mía, esperando que eso nos condujera al dormitorio, sin embargo, Naruto se apartó antes de que tuviera oportunidad de hacerlo. ¡Maldición!—. ¿Quieres intentarlo?
Me separé lo justo para poder mirarlo. Tenía una sonrisa divertida que me dio mala espina al instante.
—¿El qué? —pregunté con cierta cautela.
Naruto señaló el piano con un movimiento de cabeza.
—Ni hablar —repliqué, apartando los brazos de mi novio e irguiéndome.
Este resopló al mismo tiempo que ponía los ojos en blanco y pasaba las piernas por encima del banco del piano, para seguir sentado pero esta vez encarado a mí. Me abrazó por la cintura para que no escapara y apoyó el mentón en mi vientre de forma que pudiera mirarme.
—Eres aburrido, Sasuke.
—Yo no sé tocar eso.
—Nadie sabe hasta que le ponen delante de un piano, yo te enseño.
—Naruto…
—Venga, no tengas miedo, no muerde —añadió con una risilla y mirándome con picardía—, a diferencia de mí.
No pude evitar sonreír. Puse una mano en su mejilla y le acaricié esas tres marquitas que tenía de nacimiento.
—Me gusta que me muerdas.
—Hombre, si quieres inventamos algo para que el piano muerda.
Bufé por su sugerencia.
—Sabes que no me refería a eso.
Naruto se rio y se levantó, poniendo sus brazos alrededor de mi cintura para pegar mi cuerpo al suyo. En un acto instintivo, coloqué mis manos en sus caderas, disfrutando de sus curvas y de cómo Naruto deslizó sus manos por mi pecho, acariciando cada músculo de mi torso hasta colocar los brazos alrededor de mi cuello.
Nos quedamos muy cerca el uno del otro, con nuestros labios rozándonos. Naruto empezó a darme besos suaves, cortos y húmedos en la boca, de vez en cuando sacando su lengua para acariciarme el labio inferior. Dios, él sabía muy bien cómo seducirme.
—Quítame el pantalón —me ordenó entre besos.
Obedecí sin pensarlo dos veces: le desabroché el botón y le bajé la cremallera para que la prenda se deslizara hacia abajo, donde acabó enganchada en sus rodillas. Como recompensa, Naruto me lamió el lóbulo de la oreja.
—Baja las manos —susurró en mi oído.
—¿Hasta dónde? —pregunté con voz ronca.
Sentí la sonrisa de Naruto contra mi piel.
—Sabes muy bien dónde las quiero.
Sí, lo sabía, y no dudé en meter las manos bajo sus bóxers y alcanzar sus nalgas. Mi novio tenía el mejor trasero del mundo; firme, cálido y suave. Masajeé su carne, apretando de vez en cuando su piel con mis dedos, notando cómo los músculos de esa zona se contraían, respondiendo a mis caricias. Al mismo tiempo, Naruto empezó a contonearse contra mí muy lentamente, frotando su miembro duro contra el mío, provocándome una dolorosa erección.
Yo también me movía contra él, buscando el mayor contacto posible entre nosotros. Mis manos se movían sin control sobre su trasero mientras mi lengua exploraba con avaricia cada rincón de su boca, a lo que Naruto me respondía con besos apasionados y cogiéndome los mechones de la nuca con fuerza, sabiendo lo mucho que me gustaba que hiciera eso.
Ya me estaba preparando para quitarle la ropa interior cuando Naruto rompió el beso con suavidad. Aun así, gruñí como protesta e intenté volver a capturar su boca, poco dispuesto a parar, pero él puso un dedo en mis labios.
—Méteme un dedo —me ordenó con un jadeo antes de retomar el beso con voracidad.
¿Quién demonios podría negarse a algo así? Sin dejar de devorar esa boca traviesa, deslicé una mano por sus nalgas hasta encontrar lo que tanto ansiaba tomar. Rodeé su entrada con un dedo, gimiendo al sentir que ya estaba húmedo; Naruto siempre estaba listo para mí, eso me volvía loco y me hacía sentir muy deseado.
Sin querer hacerle esperar mucho, le penetré suavemente, disfrutando de lo estrecho, mojado y caliente que estaba. Mi novio respondió a la embestida con un jadeo de placer, separando brevemente su boca de la mía, momento que aproveché para mordisquear su labio inferior antes de buscar su cuello y succionar juguetonamente la piel de esa zona, sabiendo que eso le encantaba. Su reacción fue gemir más alto y morderme en la base del cuello, haciendo que esta vez yo perdiera un poco más de control y volviera a penetrarle, esta vez con más fuerza. Naruto siguió moviéndose contra mí, animándome a ser más duro. Otra razón por la que deseaba con lujuria a ese doncel: no siempre quería que fuera delicado, a menudo me exigía que fuera apasionado y descontrolado, y no tenía que estar preocupado por si era demasiado intenso o por hacerle daño. Si lo hacía, Naruto no tenía ningún problema en morderme más fuerte de lo habitual, devolviéndome el favor.
Me estaba empezando a plantear inclinarlo sobre el piano para hacerle el amor de una vez cuando Naruto volvió a interrumpir el beso. Se lo permití, esperando a que me diera una nueva orden que estaba ansioso por cumplir.
—¿Me quieres, Sasuke? —preguntó contra mi boca, sin dejar de acariciar mi cuerpo con el suyo—. ¿Quieres hacérmelo? —gimió y me mordisqueó el cuello.
—Sí —respondí sin necesidad de pensarlo.
Noté que sonreía, aunque no le di mucha importancia.
—¿Y qué harías a cambio?
—Cualquier cosa.
Y… ahí cometí mi error. Naruto me cogió de las muñecas y apartó mis manos de él mientras me sonreía con malicia.
—Pues intenta tocar el piano.
… Fue como si me cayera un cubo de agua fría encima. Muy fría. Miré a mi novio con ira asesina.
—No puedes manipularme con sexo.
Naruto me soltó encogiéndose de hombros y se agachó, de forma que pudiera ver a la perfección su irritantemente bonito trasero.
—No hay problema, podemos ir a dar una vuelta, cenar en Ichiraku y después ver una película aquí tranquilitos.
… Miré un momento hacia mi erección, luego su hermoso y caliente cuerpo y después imaginé la estampa que acababa de describirme. Refunfuñando, me senté en el banco del piano y me crucé de brazos.
Naruto sonrió complacido.
—Pues parece que sí puedo.
—No me hables —gruñí. Encima de dejarme duro como una piedra y humillarme con esa vil manipulación, aún se cachondeaba de mí.
Mi cruel pareja se sentó a mi lado y me abrazó por la cintura a la vez que lamía y mordisqueaba mi cuello. Debería apartarlo pero, ¿a quién quiero engañar?, yo era la última persona que deseaba alejarse de él cuando hacía eso.
—No te pongas así, Sasuke —me dijo suavemente antes de apoyar la cabeza en mi hombro—. Escucha, sé por qué estás estudiando una carrera que no te gusta, y si quieres seguir así, es cosa tuya, ya eres lo bastante mayor como para saber qué te conviene. Pero, al menos, deberías tener un hobby, hacer algo que realmente te guste aunque solo sea para desahogarte.
Bajé la vista hacia él estrechando los ojos.
—Ya hago algo que me gusta.
Naruto me lanzó un resoplido muy poco elegante.
—El sexo no cuenta.
—Si es contigo sí.
Mi novio puso los ojos en blanco.
—Mira, no quiero sonar pesimista, pero nada nos asegura que vayamos a seguir juntos para siempre, así que yo no puedo ser un hobby —dicho esto, me lanzó una mirada de pocos amigos—. Y, para que conste, es un poco ofensivo considerar a tu novio como una forma de entretenimiento. Se supone que estamos juntos porque nos gustamos y tal.
Al darme cuenta de mi error, le devolví el abrazo y lo estreché contra mi cuerpo.
—Perdona.
Naruto suspiró y levantó la cabeza para mirarme.
—Me gustas, ¿vale?, lo suficiente como para que me preocupe por ti y, aunque no quieras admitirlo, sé por la cara que pones cuando hablas de tu brillante carrera que no te interesa lo más mínimo. Así que puedes probar a tocar el piano, a cocinar, o a hacer centros de mesa, qué sé yo. Pero, por tu bien, encuentra algo que te apasione, Sasuke. Por favor.
… Sinceramente, me quedé sin palabras. Era difícil hablar cuando alguien llegaba a una parte tan profunda de ti mismo, una persona que no fuera de tu familia y que no sentía ninguna obligación por ayudarte, sino que lo hacía de forma genuina.
Ahí estaba la razón por la que había querido salir con Naruto. Él me conocía de verdad y se preocupaba por mí; incluso sabiendo que tal vez llegaría un día en que cada uno seguiría su propio camino, intentaba ayudarme.
Por eso me dolía tanto pensar en que, dentro de un mes, tendría que despedirme de él. No quería hacerlo, no cuando… no cuando empezaba a enamorarme de él.
Incapaz de expresar lo que sentía, le besé con ternura, esperando que Naruto se diera cuenta de lo importante que era para mí lo que acababa de hacer. Él me correspondió con la misma suavidad, con el mismo sentimiento. Creo que lo había hecho. Y cuando nos separamos y miré en esas profundidades tan azules como el cielo, supe que así había sido, y que no era necesario que dijera nada.
Naruto me sonrió y me dio un beso rápido, acariciándome una mejilla antes de apartarse un poco, lo justo para señalar el piano.
—Bueno, si quieres que retocemos desnudos en mi cama, vamos a tener que empezar —comentó, dando por finalizado nuestro momento. De todos modos, ya nos habíamos dicho todo lo que necesitábamos decir con ese beso y esa mirada—, ¿o has cambiado de opinión? —me preguntó con esa picardía que tanto me gustaba.
De nuevo, el ambiente se hizo más ligero, cosa que agradecí. No soy una persona muy emocional o sensible y me resulta difícil saber qué hacer en situaciones como esas. Así que volví a centrarme en nuestro trato y sonreí.
—Para que conste, si intento tocar esta cosa, ¿después podré hacerte lo que quiera?
—Todo lo que pase por esa retorcida y pervertida mente tuya —prometió Naruto.
Miré las teclas del instrumento con desconfianza. ¿Por qué algo me decía que eso no podía acabar bien? Sin embargo, merecía la pena hacer un poco el ridículo con tal de tener a ese rubio doncel a mi merced.
—Está bien —suspiré—, empieza a enseñarme.
Por fortuna, Naruto no me pidió nada especialmente complicado, tan solo me hizo tocar las teclas para que me familiarizara con el instrumento y que escuchara con atención todos los sonidos. De hecho, él aprendió a tocar siendo un niño a base de escuchar a su padre, relacionando las teclas con las diferentes notas musicales, pese a que entonces ni siquiera sabía sus nombres.
Tuve que reconocer que aprender con Naruto era divertido, nada que ver con los serios y estrictos profesores particulares que me había puesto mi padre de pequeño. Me animó a jugar y experimentar con las teclas; sí, sonaba francamente mal, muy mal, pero al menos me reí mucho con la experiencia.
—Adelante, dilo —le dije cuando decidimos parar para encargar algo de cenar—, soy horrible.
—Hombre, espantoso creo que se adapta más a lo que le has hecho al pobre piano de mi padre —coincidió Naruto, aunque por la forma en que sonreía, supe que solo era una broma—. Pero al menos hemos sacado algo bueno de todo esto.
—¿Y qué es?
—Para empezar, que tú te has divertido y que yo me he podido reír un rato. —Solté una carcajada ante eso último—. Y más importante aún; cuando las generaciones futuras pregunten si los Uchiha eran tan perfectos como todo el mundo cree, podremos decir que cometían errores como cualquier otro mortal.
Yo rodé los ojos.
—No tienes ninguna prueba de ello.
Entonces, Naruto me dedicó esa sonrisa traviesa que adoraba y me enseñó su móvil. Yo palidecí.
—No es verdad.
—Claro que sí. Lo he grabado todo, todo y todo.
—¡Pero serás…! —maldije e intenté atraparlo, pero Naruto previó mi reacción y saltó a un lado, esquivándome con una carcajada. No estaba exactamente enfadado, solo un poco avergonzado porque el doncel tuviera la prueba de que yo, un Uchiha, había sido incapaz de arrancarle una nota decente a un piano.
La persecución no duró mucho de todas formas porque, sin darme cuenta, Naruto me guio al dormitorio. Una vez ahí, supe que él no tenía escapatoria, pero era yo el que estaba equivocado, ya que mi novio no tenía intención de huir. En vez de eso, se quitó la camiseta y me la lanzó a la cara, dejándome aturdido unos segundos.
Él me sonrió con picardía.
—Tú has cumplido tu parte del trato y ahora yo tengo que cumplir la mía —dicho esto, se quitó los pantalones y se subió a la cama, mostrándome deliberadamente su firme trasero y mirándome con lujuria por encima del hombro.
Fue increíble lo rápido que olvidé ese dichoso móvil.


Sasuke tragó saliva, emocionado ante el recuerdo. Así que por Naruto él aprendió a tocar el piano. Tal vez no se convertiría en músico profesional, cierto, pero al menos disfrutaba con eso, le ayudaba a relajarse y le hacía genuinamente feliz.
—¿Ve algo que le guste?
Se giró hacia Kurama, que le observaba con esa sonrisa divertida que le ponía de los nervios, como si supiera exactamente lo que pasaba por su cabeza.
No contestó al principio, después de todo, su interés en Naruto era algo privado. Sin embargo, no contaba con que, mientras recordaba, se había quedado muy quieto con la vista fija en el rubio doncel, por lo que a Kurama no le costó mucho saber a dónde iban sus pensamientos.
Este subió un par de escalones hasta quedarse a su lado y dirigió sus rojos ojos hacia el guitarrista.
—Naruto Uzumaki, nuestro anfitrión —declaró antes de echarle un trago a su whisky.
Al oír eso, Sasuke lo miró con el ceño fruncido.
—¿Anfitrión? Creía que esta casa era su propiedad.
Kurama se encogió de hombros.
—Bueno, la casa la compré yo, pero fue un regalo para Naruto.
Sasuke necesitó un segundo para asimilarlo. ¿Naruto era amigo íntimo de Kurama?, después de todo, nadie le regala una casa a otra persona a menos que la relación fuera tan próxima.
—¿Y eso? —indagó con un pelín de molestia. No se había parado a pensar en que tal vez Naruto salía con otra persona, y esperaba fervientemente que no fuera así. Puede que no tuviera ningún derecho, pero eso lo ponía muy celoso. Y el hecho de que Kurama pudiera ser su amante solo hacía que sus planes de conquista se complicaran aún más.
El pelirrojo le palmeó un hombro.
—Oh, no se preocupe, señor Uchiha, le aseguro que mi relación con Naruto es puramente fraternal —le dijo. Eso le alivió, pero también le inquietaba el hecho de que ese hombre se hubiera dado cuenta con tanta facilidad de lo que pensaba—. Es más, es mi soltero de oro para la subasta —añadió Kurama con su característica sonrisa maliciosa.
Esta vez, Sasuke no pudo evitar sonreír.
—No me diga. —Era una oportunidad perfecta para acercarse al doncel—. Aún no me ha dicho qué ocurre exactamente con el soltero y el que puja por él.
—Ofrezco una cena romántica en el mejor restaurante de Nome, por supuesto —dicho esto, Kurama le miró levantando una ceja—. ¿Le interesa?
—Puede ser.
—Me alegra saber que tiene buen ojo, señor Uchiha. —Hizo una pausa en la que su sonrisa desapareció. Ahora observaba a Naruto con una emoción que Sasuke no pudo identificar, pero era algo parecido a la tristeza—. ¿Sabe?, ese chico es una de las dos personas a las que más aprecio en este mundo. Teñiría el mar de Bering de sangre por él —dicho esto, le miró a los ojos con seriedad—. No sé si comprende lo que quiero decir.
Sasuke asintió.
—No he venido aquí para herir a nadie. Y menos a Naruto.
Algo brilló en los ojos de Kurama, como si fuera la respuesta que estaba esperando. Por primera vez, le vio esbozar una sonrisa suave.
—Me alegra oírlo, señor Uchiha —y, de nuevo, la diversión regresó a sus rasgos, devolviéndole ese aspecto ligeramente similar al de un zorro—. En fin, tengo una subasta que presentar. Si me disculpa, estaré impaciente por ver cuánto está dispuesto a pujar.
Sasuke vio bajar a Kurama las escaleras con una elegancia casi felina y mezclarse entre el gentío con la misma gracilidad. Él, por otro lado, se quedó donde estaba, ya que desde las escaleras tenía una visión perfecta sobre Naruto, quien terminó la canción y todo el mundo le aplaudió. Se dio cuenta entonces de que este intercambió una mirada con Kurama y asintió, dejando su instrumento en manos del doncel de ojos saltones y pelo al estilo tazón que había visto antes con Tenten. Después, siguió a Kurama junto a otros hombres, mujeres y donceles hacia una pared, donde el pelirrojo empezó a apartar a la multitud para que hicieran un hueco.
—¡Sasuke!
El susodicho cerró los ojos un momento al reconocer la voz de Sakura. Se giró y se la encontró a su lado, todavía con ese vestido puesto. ¿Por qué tenía que esforzarse tanto?, ¿no se había dado cuenta ya de que no tenía ningún interés en ella?
—¿Cómo ha ido la reunión con el señor Kyubi? —le preguntó, un tanto inquieta. Se había dado cuenta de que había metido la pata al ir con Sasuke, pero ella solo había cumplido órdenes de Fugaku.
—No ha ido mal —respondió el Uchiha, casi sonriendo ante la idea de quedarse más tiempo en Nome—. Está dispuesto a considerar unirse a nosotros.
La cara de Sakura se iluminó. Pues claro, Sasuke era brillante, era evidente que encontraría una manera de convencer al señor Kyubi.
—¿En serio?
—Sí, pero tengo que permanecer más tiempo en Nome y asistir a más reuniones. Tú puedes regresar a Japón, ya que las negociaciones se llevarán a cabo en privado entre él y yo —dijo Sasuke con tono profesional, aunque en el fondo le producía una enorme satisfacción poder librarse de Sakura.
La cara que puso esta fue un poema. El alivio desapareció por completo y le sustituyó la decepción y la desesperación. Ella no podía separarse de Sasuke todavía; sabía que en el trabajo no tendría ninguna oportunidad con él puesto que ya lo había intentado muchas veces, así que ese viaje era la única manera de seducirlo. Estaban solos en el hotel de una ciudad gélida y en mitad de la nada, ¡no había otra cosa que hacer en ese maldito lugar aparte de acurrucarse juntos delante de una chimenea y dejar que la cosa fuera a más!
Además, estaba también esa odiosa mujer, la de los horribles moños que se había enganchado del brazo de Sasuke y que se le había insinuado para buscarla luego.
No, ni hablar. No iba a regresar a Japón, no podía desaprovechar esa oportunidad. Ya se inventaría algo para poder quedarse.
En ese momento, la potente voz de Kurama resonó en las paredes gracias al micro que había estado usando antes Naruto para cantar. Se había subido a un taburete para que todos le vieran y, con un gesto de la mano, hizo callar al gentío.
—Bueno, damas y caballeros, deben de estar disfrutando de la fiesta a lo grande, porque acaban de informarme de que las existencias de alcohol se han agotado —dijo con una sonrisa, como si la situación le pareciera graciosa.
Todo el mundo grito un  alegre a la vez que levantaban las jarras o las copas. Kurama asintió.
—Perfecto. Pues, ya que estamos, aprovechemos la ocasión para darle las gracias a nuestro anfitrión que, a pesar de saber que se lo dejaríamos todo hecho un asco, nos ha ofrecido su hogar como punto de encuentro. ¡Adelántate un paso, Naruto! —lo llamó el pelirrojo, haciendo que el doncel avanzara un poco con una sonrisa avergonzada. La multitud lo vitoreó y le silbó, logrando así que Naruto se rascara la nuca. Kurama siguió hablando—. Ahora, pongámonos serios un momento. Todos sabemos que con la última nevada, el hospital de nuestro amigo Howard ha sufrido muchos daños, demasiados como para que la junta pueda repararlo todo y, como dicen en Juego de Tronos, “se acerca el invierno”. Puede que esto no sea Invernalia pero, seamos sinceros, hasta los caminantes blancos morirían congelados aquí.
Todo el mundo asintió fervientemente, esta vez un poco más serios, a pesar de que muchos tenían las mejillas rojas por el alcohol.
Kurama los observó atentamente con seriedad.
—Caballeros, solo tenemos dos hospitales en Nome, y todos sabemos lo que pasa en invierno: la gente enferma y tanto nuestros conciudadanos alasqueños como nuestros queridos invitados extranjeros, sobre todo deportistas amantes de la nieve, tienden a romperse algo. —Tras un  rotundo por parte de la multitud, el hombre prosiguió—. Aquí convivimos con este clima porque todos nos ayudamos, ¿no es así? —La gente asintió con vehemencia.
Sasuke vio fácilmente por dónde iban los tiros. No se trataba únicamente de la salud de la gente de Nome, también tenía que ver con el turismo de la ciudad: la mayoría de la gente soñaba con unas vacaciones paradisíacas en playas hawaianas, por lo que Nome, con sus largos y gélidos inviernos, no era precisamente el primer destino. Sin embargo, había pistas de nieve y carreras de trineo para los amantes de los deportes de invierno, y las auroras boreales siempre eran muy populares. Para los ciudadanos era importante que los turistas tuvieran asistencia sanitaria, no sea que después los comentarios negativos afectaran a los ingresos.
Tal vez sonaba materialista, pero era la realidad. Toda población se sostenía en la actualidad gracias al turismo, o al menos, en gran medida. Eso generaba mucho empleo y dinero y, en consecuencia, que una ciudad prosperara. Sasuke todavía no conocía muy bien a Kurama, pero por la forma en que él escogía con quién hacer negocios, intuía que solo quería hacer lo mejor para Nome, y la reparación del hospital, aparte de la asistencia sanitaria para los turistas, también era importante para los habitantes. El clima era cruel y las temperaturas muy bajas, pero la gente debía seguir su día a día y eso podía ocasionar accidentes y, más frecuentes todavía, enfermedades a causa del frío.
Se viera por donde se viera, le parecía evidente que Kurama solo quería ayudar.
Se distrajo cuando volvió a escuchar a este hablar.
—Así que, damas y caballeros, para echar una mano a nuestros compañeros médicos y enfermeros, quisiera dar inicio a esta gala benéfica que puede que también “beneficie” a más de uno —añadió con picardía, haciendo que muchos soltaran una carcajada—. ¿Y qué mejor inicio que con nuestro anfitrión? ¡Vamos, Naruto!, sube aquí.
El doncel se subió al taburete y la gente le aplaudió y le lanzó todo tipo de halagos, algunos un poco subidos de tono por culpa del alcohol, pero Naruto no lo tuvo en cuenta. Iba vestido con un jersey negro que resaltaba su pecho musculoso y se ajustaba a la figura curvilínea de su cintura y sus caderas, y llevaba unos vaqueros azules que se ceñían a su trasero y sus muslos de forma pecaminosa, finalizando su atuendo con unas botas de nieve oscuras, que parecía llevar todo el mundo en esa casa.
Sasuke sonrió con pesar; le echaba de menos, a pesar de los pocos recuerdos que tenía sobre ellos. Aún le quería, y haría todo lo posible para recuperarlo. Pero, para eso, debía empezar por conseguir esa cena y acercarse un poco más a Naruto. Inspiró hondo y se inclinó sobre la barandilla, preparándose para la puja.
Kurama, junto a Naruto, apoyó una mano en su cadera y preguntó:
—Bueno, ¿quién quiere empezar?
—¡Cincuenta dólares! —gritó alguien, un hombre.
La gente soltó una carcajada, incluido el propio Naruto, mientras que el pelirrojo ponía los ojos en blanco.
—Fingiré que no he oído eso, Bill, sobre todo porque sé que has sido tú quien ha abusado del alcohol de nuestro anfitrión. —El tal Bill rio de buena gana, seguido por la gente. A juzgar por el ambiente, parecía que todo el mundo en esa casa se conocía bastante bien—. ¡Vamos, caballeros!, todos sabemos que Naruto es uno de nuestros donceles más hermosos y también el más difícil, teniendo en cuenta que creo que ha rechazado a toda la población masculina —dicho esto, la multitud rio, sabiendo que era totalmente cierto.
Naruto solo esbozó una media sonrisa incómoda, recordando el motivo por el que no quería a un hombre en su vida. Para él, solo había habido una persona, y ya no podía recuperarla.
Poco a poco, la gente empezó a pujar sumas de tres números, bastante bajas a opinión de Sasuke, quien sabía que Naruto merecía mucho más que eso. Aunque, pensándolo bien, aquella gente probablemente no podía permitirse gastarse demasiado, cosa que por un lado le vino bien, ya que eso le aseguraba que él ganaría esa subasta. Más tranquilo, pensó en una cifra que pudiera ayudar al hospital, después de todo, el dinero le sobraba y prefería gastarlo en una buena causa que en algo lujoso. De hecho, el único capricho caro que se había permitido había sido el piano con el que aprendía a tocar.
—¡Quinientos setenta y cinco dólares, damas y caballeros! —exclamó Kurama a la entusiasmada multitud—. ¿Alguien ofrece seiscientos? ¿Nadie? —Tras una mirada rápida a los que habían pujado, inició la cuenta atrás—. ¡Quinientos setenta y cinco dólares a la una!, ¡a las dos…!
—¡Siete mil dólares! —gritó Sasuke.
Sakura pegó un salto y lo miró como si se hubiera vuelto loco, mientras que todos los presentes en aquella estancia se giraron a la vez, buscando a la persona que ofrecía tanta cantidad de dinero.
Naruto, al reconocerlo, se sonrojó violentamente y bajó la vista. ¿Qué diablos estaba haciendo Sasuke en la fiesta Kurama?, ¿quién lo había invitado? Más le valía a Kiba que esto no fuera cosa suya porque de lo contrario su querida y varonil moto de nieve acabaría pintada totalmente de rosa.
Por otro lado, Kurama le sonrió a Sasuke con satisfacción.
—¿Ha dicho siete mil dólares?
Este le devolvió la sonrisa.
—Sé que esa cifra es insultante para este doncel, aunque creo que no hay bastante dinero en el mundo que pueda hacerle justicia —dijo mirando a Naruto, cuyas mejillas enrojecieron aún más por el halago—, pero espero que sea suficiente para ayudar al hospital.
La gente empezó a silbar y a exclamar cosas que indicaban claramente que estaban encantados con ese flirteo, aunque el más destacado fue Kiba, que también estaba entre los solteros subastados, el cual chilló:
—¡Naruto, te has puesto rojo! —y se rio ruidosamente, siendo acompañado por sus amigos Tenten y Lee.
El susodicho lo fulminó con la mirada, prometiéndose ir esa misma noche a su casa para profanar su amada moto.
En cambio, Kurama, complacido por el rumbo que estaban tomando las cosas, se dirigió hacia alguien que estaba entre la multitud.
—¿Tú qué opinas, Howard?
Un hombre alto y delgado buscó a Sasuke con la mirada.
—¿Cómo te llamas, forastero?
—Sasuke Uchiha.
Howard asintió y levantó su jarra de cerveza con una sonrisa.
—¡Por Sasuke! —gritó, siendo coreado por todo el mundo, que brindó a su salud. Sasuke supuso que eso quería decir que su aportación había sido de mucha ayuda.
Kurama, que sabía que nadie daría una cifra más alta, dio por finalizada la subasta de Naruto, a quien sonrió con malicia y le indicó que fuera a charlar con su “novio por una noche”. Este le lanzó una mirada de pocos amigos.
—Disfrutas con esto, ¿verdad? —le preguntó el rubio cuando pasó por su lado.
El otro hombre no respondió, solo observó cómo iba hacia las escaleras con seriedad. Sus ojos tenían un brillo decidido, estaba dispuesto a terminar con aquella tontería de una vez por todas, no le importaba lo que tuviera que hacer para que Naruto volviera a ser feliz, aunque durante el proceso tuviera que sufrir un poco.
—Es por tu bien, Naruto —murmuró, sabiendo que no podía oírle—. Todo lo que hago siempre es por tu bien.


—Sasuke, ¿podemos hablar un momento? —le llamó Sakura antes de subir hasta el primer piso, taconeando el suelo con evidente indignación.
Él suspiró, pero la siguió de todas formas. Cuando la vio abrir una habitación y entrar en ella, Sasuke fue casi corriendo hasta la puerta; ¿qué coño hacía metiéndose en una habitación ajena?, ¿acaso creía que estaba en su casa o qué?
—Sakura, sal de ahí ahora —exigió, mirando nervioso la estancia.
Era evidente que se trataba del cuarto de alguien: todas las paredes de madera tenían un par de cuadros de paisajes, que Sasuke pudo identificar como pertenecientes a Japón, Escocia y Estados Unidos; a su izquierda, lo primero que vio fue una cómoda que sostenía una televisión y un par de fotografías, seguido por un estrecho armario; enfrente, había una ventana estrecha, pero que ocupaba toda la pared, dándole un toque moderno, y a la derecha destacaba una gran cama con sábanas de color rojo oscuro con caracteres japoneses junto a una mesita con una lámpara de noche y una fotografía. Todos los muebles eran de un tono rojo burdeos, lo cual armonizaba muy bien con la madera, dándole cierto aire elegante que le recordó al despacho de Kurama. Tal vez la había decorado él mismo, después de todo, fue él quien compró la casa.
Sin embargo, Sakura estaba demasiado enfadada como para pensar en que estaba invadiendo la intimidad de otra persona, o peor aún, que podría estar en el mismo dormitorio de Kurama Kyubi.
—¿Qué demonios haces pujando por ese imbécil? —le preguntó Sakura casi con un grito.
Sasuke se tensó por el insulto dedicado a Naruto. Ah, no, por ahí no pasaba; podía soportar que ella se sintiera atraída por él y que fuera un poco pesada en ese aspecto, pero no consentiría que dijera cualquier cosa ofensiva sobre su doncel, sobre todo cuando no le conocía de nada.
Se acercó a ella hasta que sus cuerpos casi se rozaron, pero no era algo erótico, cualquiera que los viera se daría cuenta de que era una clara amenaza.
—En primer lugar, Naruto no es ningún imbécil y tú no tienes que ir insultando a nadie, y menos a personas que no conoces, y, segundo, pujaré si me da la maldita gana porque soy un adulto y gano mi propio dinero, ¿está claro?
En otra situación, Sakura se habría encogido y habría accedido de inmediato, pero estaba demasiado furiosa; no le cabía en la cabeza que Sasuke hubiera pagado tal cantidad de dinero por un idiota cuya perra la había atacado.
—Su perra es una salvaje, ¡se me tiró encima!
Sasuke se pinzó el puente de la nariz, pidiéndose paciencia.
—Ya hablamos de eso esta mañana, Blue actuó así porque tú empujaste a Naruto.
Sakura entrecerró los ojos, dándose cuenta de algo en lo que no se había fijado hasta el momento.
—¿Por qué le llamas por su nombre?, no sois amigos ni nada.
—Aquí no tienen tantas formalidades como en Japón —respondió Sasuke con naturalidad. No pensaba decirle la relación que había tenido con Naruto, no era asunto suyo—. Por si no te has fijado, esa amable gente que ha brindado por mí me ha llamado por mi nombre apenas un segundo después de conocerme.
Ella no terminó de tragárselo, pero tuvo que reconocer que ahí tenía razón. De todas formas, seguía sin gustarle que hubiera gastado tanto dinero en ese paleto, pues sabía que él jamás habría hecho algo así por ninguna mujer o doncel. Durante el año que habían trabajado juntos, nunca le había visto salir con nadie, y le preocupaba que de repente estuviera tan interesado en alguien.
—Te gusta, ¿verdad? —le acusó.
Sasuke no lo pensó dos veces.
—Pues sí.
Ahí, Sakura palideció. Había esperado que Sasuke, con lo orgulloso que era, lo negara en redondo, de modo que el hecho de que lo hubiera reconocido tan abiertamente era alarmante. Ella había intentado que se fijara en ella desde hacía un año, mientras que a ese pulgoso lo conocía de solo de cinco minutos, ¡cinco minutos!, ¡y ya le gustaba! No iba a permitirlo, y pensaba usar su mejor carta.
Contuvo las ganas de sonreír.
—¿Y qué dirá tu padre cuando se entere de que has donado siete mil dólares para estar con ese doncel? —Sabía que Fugaku entraría en cólera, todo el mundo conocía su opinión sobre los donceles. Además, era el padre y el jefe de Sasuke, no podría negarse a mantenerse alejado de ese imbécil. ¡Ja!, era simplemente perfecto.
Sin embargo, no contaba con lo que Sasuke dijo a continuación:
—Me importa una mierda lo que piense, por mí puedes decírselo.
… En pocas palabras, Sakura se quedó blanca como la cera.
—Pe-pero…
—Por cierto, me habría bastado dar seiscientos dólares por Naruto para ganar la subasta, pero di esos siete mil para ayudar al hospital —añadió Sasuke cruzándose de brazos.
Sakura enrojeció de rabia.
—¡Esa gente no es tu problema!
—No, pero si estuviera en su lugar, también me gustaría que me echaran una mano. Y como puedo permitírmelo, les ayudo.
—Tu padre no te paga para que vayas haciendo obras de caridad a unos extraños.
—No, me paga para que haga mi trabajo, cosa que al menos yo hago, teniendo en cuenta que tú te has estado tomando este viaje de negocios ¡como una especie de vacaciones para ligar! —acabó gritando. Ya está, lo había dicho, pero es que ya no podía aguantarlo más. Sakura no había hecho más que presionarlo: con sus estúpidos intentos de estar con él, el incidente de Blue, la tonta discusión que estaban teniendo ahora, ¡y ese maldito vestido! Ya tenía bastantes cosas en la cabeza como recuperar a Naruto y llegar a un acuerdo con Kurama, no necesitaba estar más nervioso y ella lo estaba agobiando.
Antes de que nadie pudiera reaccionar a sus palabras, alguien carraspeó a sus espaldas. Naruto estaba apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados en una pose de tío duro (cosa un tanto extraña en un doncel, pero a él le quedaba como un guante), mirándolos con mala cara.
—No podéis estar aquí —dijo, adentrándose en la habitación.
Sakura, que también estaba de los nervios por la discusión, le señaló furiosa con un dedo.
—¡Lárgate!
Naruto entrecerró los ojos y tensó los músculos.
—Esta es mi habitación, así que la que se larga eres tú.
La mujer resopló y puso los brazos en jarra en actitud altanera.
—Esto es propiedad del señor Kyubi.
El doncel se acercó más a ella. Sasuke, sabiendo que Naruto era la última persona en la Tierra que se dejaría intimidar por nadie, se apartó, dejándole paso. Pese a no ser un varón, el rubio era casi tan alto como Sasuke y de figura atlética, por lo que podía ser inquietante si se lo proponía. Y, de hecho, Sakura empezó a sentirse de esa manera en su presencia, tal vez porque también percibió cierto parecido entre él y el señor Kyubi.
—Estás en mi casa —declaró Naruto en voz baja y amenazante—, así que tienes dos opciones: o te vas de mi habitación por tu propio pie, o yo mismo te echaré a la calle —dicho esto, la miró de arriba abajo un momento—. No me será muy difícil, y a mis perros les gustará tener a alguien con quien jugar. Te aseguro que Blue no se ha olvidado de ti.
Al oír eso, Sakura se encogió, recordando los blancos y filosos dientes de ese perro negro. Se alejó de Naruto y se apresuró a salir de allí, no sin que antes este le dijera:
—Por cierto, la próxima vez procura ponerte otra cosa. No estamos en la playa.
Ella enrojeció enfadada, pero se fue de todos modos, no queriendo que ese salvaje la dejara con los perros, aunque se prometió a sí misma que se lo haría pagar caro.
Cuando Sasuke y Naruto se quedaron solos, este último se quedó mirando la puerta con una ceja alzada.
—Menuda amiga tienes —comentó.
—No es mi amiga —replicó Sasuke con cierta dureza, todavía agobiado con todo lo que estaba pasando. A pesar de eso, se dio cuenta de la forma en la que había hablado y se pasó una mano por la cara, intentando despejarse—. Lo siento, no era mi intención…
—Estás ofuscado —afirmó Naruto. Dudó un momento, pero al final lo cogió de la muñeca con delicadeza y tiró suavemente de él para llevarlo a la cama, donde lo instó a sentarse—. He oído parte de la conversación mientras venía hacia aquí —explicó, un poco avergonzado por haber escuchado pero, en su defensa, esos dos no habían sido muy discretos al hablar tan alto e incluyendo un par de gritos.
Sasuke se pasó una mano por el pelo mientras Naruto se sentaba a su lado.
—Lo siento, no quería fastidiarle la fiesta a nadie.
El doncel le sonrió con diversión y señaló la puerta, donde se oía la poderosa voz de Kurama y a la gente chillando alegre por la subasta.
—¿Oyes a esos escandalosos? Esa chica y tú necesitaríais siglos para llegar a su altura —dijo, haciendo que Sasuke soltara una risilla—. No te preocupes, nadie se ha enterado excepto yo. —Hizo una pausa en la cual frunció un momento el ceño—. Ella está enamorada de ti, ¿sabes?
Sasuke esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos.
—Ella está enamorada de la imagen que tiene de mí. Es distinto.
Naruto percibió cierta amargura en sus palabras.
—¿Por qué crees eso?
El otro hombre pensó en su primer día de trabajo en la empresa de su padre. Si de por sí había sido desagradable el tener que dedicarse a algo que claramente no le gustaba, el recibimiento por parte de mujeres, donceles y algunos hombres, lo había hecho mucho peor.
—Sakura y yo somos compañeros de trabajo —comenzó—. El primer día que entré al edificio, un montón de personas se quedaron mirándome todo el tiempo, desde que entré por la puerta hasta el despacho, como si fuera una especie de animal mitológico —dijo asqueado. No soportaba que lo miraran de esa forma, como un trofeo a conseguir—. En la hora del descanso, más de la mitad me invitó a comer, y ni siquiera sabían mi nombre. Entre ellas estaba Sakura. —Bajó la mirada, un poco entristecido—. Solo ven al guapo, rico y misterioso Sasuke Uchiha, el pobre joven que perdió la memoria en un accidente. Dan por supuesto que me enamoraré de ellas y que me convertiré en una especie de príncipe azul. No saben nada de mí, por eso nunca he salido con Sakura. Pierde el tiempo conmigo.
A Naruto le dolió saber eso. Sasuke era muy atractivo, sí, pero la gente no tenía por qué quedarse solo en eso. Era una buena persona que no merecía que la gente lo tratara de esa forma, como una especie de conejo que hubiera que cazar, después de todo, esa mañana le había ayudado a defender a Blue, y había donado siete mil dólares para el hospital. No, alguien como él no merecía ese trato.
Incapaz de resistirse, le cogió la mano y se la estrechó a modo de consuelo.
—¿Sabes?, me pasó algo parecido con mi primer novio —le explicó, también sonriendo con pesar—. Al principio, parecía que todo iba bien, pero una vez empezamos a conocernos mejor, me di cuenta de que él esperaba de mí que fuera el típico doncel: afeminado, delicado, romántico hasta rozar la cursilería… pero luego en la cama le convenía que fuera yo quien llevara los pantalones —se quejó, hinchando un poco los mofletes con molestia, cosa que hizo reír a Sasuke. Naruto le sonrió—. Nadie debería cambiar quién es por otra persona.
Sasuke asintió. Naruto era perfecto tal y como era, no entendía cómo ese idiota pudo querer cambiarlo.
—Por eso le dejaste —adivinó.
—Sí… Fue duro a su manera, el primer amor y todo eso, pero a la larga fue mejor para mí —dicho esto, se rascó la nuca—. Aunque entiendo que no a todos los varones les guste que un doncel no necesite ayuda para defenderse, parece que eso hiere su orgullo masculino.
Él le estrechó la mano.
—Yo creo que es bueno que todo el mundo sepa defenderse.
Y con eso logró que Naruto le sonriera divertido.
—¿Me estás diciendo que no te sentirías insultado si yo te salvara de un atracador o algo así?
Le devolvió la sonrisa.
—Estoy seguro de que me quedaría con la boca abierta —reconoció, recordando la paliza que ese doncel le dio a esos cuatro hombres sin despeinarse—, y por supuesto, me sentiría muy agradecido.
—Mira por dónde, un hombre inteligente —bromeó Naruto.
—Por fin alguien que se fija en mi cerebro y no en mi cuerpo —rio Sasuke, ganándose un golpe amistoso de Naruto en el hombro.
Entre ellos se creó una especie de burbuja en la que solo estaban los dos. Durante el resto de la fiesta, estuvieron charlando en la habitación de Naruto sobre cualquier tontería que se les pasara por la cabeza: se burlaron de los estereotipos del hombre y el doncel perfectos para una relación; hablaron un poco sobre sus respectivos trabajos, así fue como Sasuke descubrió que Naruto se dedicaba a enseñar a los niños a ir en trineo y también a dar paseos en el mismo a los turistas, momento en que él confesó que sentía mucha curiosidad por los perros y el deporte, y el doncel le prometió presentarle a sus amigos caninos y también a enseñarle lo básico para el trineo; Sasuke alabó a Naruto por su actuación con la guitarra y este agradeció su generosa aportación al hospital, pues era importante para la ciudad que este estuviera en perfectas condiciones antes de que las temperaturas cayeran aún más abajo, y, por último, comentaron los detalles para la cena de mañana. En vez de ser Sasuke quien recogería a Naruto, lo harían al revés, ya que el Uchiha no tenía ni idea de dónde estaba el restaurante del que hablaba Kurama y, además, sabía que el doncel no se tomaría bien que lo tratara según las convenciones para mujeres y donceles.
Para ambos, estar el uno junto al otro era muy cómodo, tan natural como respirar. Su relación era muy fluida y sencilla y sentían una especie de conexión, como si alguien los hubiera moldeado el uno para el otro.
Y no eran los únicos que lo sentían, ya que tres personas muy “curiosas” llamadas Kiba, Tenten y Lee, habían aprovechado que Naruto había dejado la puerta abierta para acercarse a esta sin ser vistos y escuchar lo que decían. Y, a juzgar por sus sonrientes rostros, les gustaba mucho lo que oían.
Kiba le dio un toquecito a Tenten en la pierna, ya que él estaba agachado.
—¿Ves? Te dije que a Naruto le gustaba —susurró.
Tenten deseaba dar saltitos de alegría.
—Y Sasuke es perfecto para él. ¿Oís cómo hablan?, es como si se les hubiera olvidado que hay una fiesta abajo, ¡me encanta!
Los ojos de Lee, por otro lado, llameaban de pura emoción.
—¡Por fin hemos encontrado al yang de Naruto!, ¡la persona con la que pasará la primavera de su juventud! ¡Síiiiiiiii! —esto último lo dijo a voz en grito y con su puño en alto, haciendo que Kiba y Tenten le taparan la boca apresuradamente.
—¡Chist!, que nos van a pillar —le reprendió Tenten.
—¿Has oído algo? —oyeron que preguntaba la voz de Sasuke.
Los tres se pusieron tan tiesos como el palo de una escoba.
—Debe de ser la señora Rose —dijo Naruto, quitándole importancia—, lleva años tras Kiba y habrá ganado la subasta.
El aludido se sonrojó, un poco avergonzado. La señora Rose era un encanto de mujer de setenta años que no tenía reparos en flirtear con Kiba, llegando incluso a darle lo que ella llamaba una palmadita cariñosa en el trasero.
—Mierda, ¿cómo lo ha sabido? —masculló el hombre.
—Se veía venir —dijo una nueva voz a sus espaldas que los tres reconocieron.
Se giraron muy lentamente, encontrándose ni más ni menos que a Kurama Kyubi apoyado en la barandilla de las escaleras con una nueva copa de whisky en la mano. La sonrisa encantadora que les dedicaba les provocó escalofríos, era como cuando tu padre te pillaba haciendo una travesura.
Kiba y sus amigos se irguieron, intentando parecer lo menos sospechosos posible.
—Hola, Kurama… —saludó este con la voz más aguda de lo normal, un poco… asustado por la reacción de ese hombre. Toda la ciudad de Nome y sus alrededores sabía que Naruto era algo así como el protegido de Kurama y que este podía ser brutal si alguien se atrevía a hacerle siquiera un arañazo.
El pelirrojo señaló la pared que había tras ellos con esa enorme sonrisa zorruna.
—Me alegra ver que os apasionan los paneles de madera de la casa. Los escogí yo personalmente.
—Ah… —Kiba no estaba muy seguro de qué decir, porque estaba bastante claro que ese hombre sabía exactamente lo que estaban haciendo en esa pared.
—Son muy… eh… elegantes —dijo Tenten, mientras que Lee asentía con rapidez.
Sin dejar de sonreír, Kurama tomó un sorbo de su bebida.
—Para mí será un placer asesoraros en temas de decoración. Sé que no es habitual en un hombre, pero adoro las reformas y redecorarlo todo —dicho esto, señaló la planta baja con la cabeza—. Sin embargo, creo que lo dejaremos para otro día. Me parece que la señora Rose te estaba buscando, Kiba, sé un caballero e invítala a bailar. En cuanto a Lee, estoy convencido de que todos estamos expectantes por verte en acción en el escenario en compañía de Tenten.
—¡Sí, señor! —dijo Lee, haciéndole el saludo militar y cogiendo de la mano a Tenten para llevarla a las escaleras—. ¡Vamos, Tenten!, ¡demostrémosles quién es la bestia verde de Huairou!
En cuanto los tres desaparecieron por las escaleras, Kurama comentó para sí mismo con una gran sonrisa:
—Qué chicos tan divertidos —dicho esto, cogió las dos cervezas que había junto a sus pies y fue a la habitación donde estaban Naruto y Sasuke. Estos dos estaban tan enfrascados en su conversación que no se dieron cuenta de que las dejó sin hacer ruido en la cómoda, ni tampoco de que juntó la puerta para darles un poco más de intimidad.

2 comentarios:

  1. Tengo tanta curiosidad de por que Naruto no recuerda a Sasuke!
    Gracias por el capítulo.
    PD:por fin pusieron en su lugar a la fastidiosa de Sakura.

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  2. Me alegra mucho que te haya gustado :D
    Todo tiene su explicación, pero habrá que esperar para saberlo; ahora vienen unos capítulos especiales para ver cómo fue la relación entre Sasuke y Naruto ;)

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