martes, 15 de octubre de 2019

Noticias

¡Hola a todos! Espero que hayáis tenido unas buenas vacaciones (dicho con retraso) y que hayáis disfrutado del nuevo capítulo de "El Reino de los Zorros" :)

Soy consciente de que he descuidado un poco (bastante) el blog, por lo que os dejo aquí unas cuantas aclaraciones sobre todo el material que estoy publicando, tanto fanfics como novelas, así como de un par de detalles más que creo que os interesará conocer.

En primer lugar, sobre los fanfics:

Actualmente, y debido a la falta de tiempo, solo voy a actualizar dos: "El Reino de los Zorros" y "Night". Intentaré que las publicaciones sean cada mes, alternando ambas historias (es decir, que si este mes he subido "El Reino de los Zorros", el siguiente saldrá "Night", y así sucesivamente). Respecto a "Los Cachorros de Sasuke" y "Sangre Predestinada", ambos fanfics de Naruto, los dejaré para más adelante, cuando termine "El Reino de los Zorros".

Segundo, las novelas originales:

En estos momentos, me estoy concentrando en terminar "La Prisión del Alma", la segunda novela de "Los Hijos de Zeker". Pese a que ya está terminada, he tenido muchos problemas para finalizar la revisión, pero por fin la estoy editando y preparando para su publicación. Como muy tarde, saldrá para mediados de diciembre ;)

Después de esto, me gustaría continuar la segunda entrega de "Nefilim", y si sacara el tiempo necesario, tal vez continuar con la tercera de "Los Hijos de Zeker".

Por último, actualización del blog:

Pronto empezaré a trabajar en mejoras para que el blog se vea mejor y no haya tanto material acumulado por todas partes, así que, si en algún momento veis que está raro o que no funcionara la página, ¡no os preocupéis!, probablemente sea yo haciendo experimentos xD

Eso es todo por el momento, si tenéis alguna duda o queréis preguntar cualquier cosa, podéis poneros en contacto conmigo sin problemas :)

¡Nos leemos pronto! 

sábado, 12 de octubre de 2019

El Reino de los Zorros


Capítulo 24. El precio de Taka

Soltó un ronroneo de placer. Estaba caliente y envuelto en un manto de suavidad. Sus pies descalzos recorrieron perezosos la mullida tela del colchón, sus brazos se estiraron con holgazanería bajo las mantas de pelo de lobo, su cabeza rodó somnolienta sobre la almohada.
Su conciencia empezó a despertar, haciendo que sus labios se curvaran en una tranquila y feliz sonrisa. Era la primera vez que descansaba de verdad desde que abandonó la fortaleza de los Uchiha para ir a la Montaña Sagrada; no es que el Guardián de Taka no le hubiera tratado bien, le había proporcionado comodidad con las pieles que le trajo para protegerse tanto del gélido suelo como de la fría brisa que se había colado en los túneles, comida cuando no había podido valerse por sí mismo e incluso atención médica, pero no era lo mismo que dormir en una cama blanda en una habitación cálida y bien protegida con tu marido rodeándote con los brazos.
Al pensar en él, su sonrisa se ensanchó y se dio la vuelta, buscando acurrucarse en su pecho.
Pero no estaba.
Abrió los ojos de golpe con el cuerpo tenso y el corazón desbocado, aterrado porque todo hubiera sido solamente una ilusión inducida por la ventisca y que aún yaciera atrapado en los túneles, esta vez, sin ningún halcón que lo socorriera.
Por fortuna, la cama no desapareció bajo su cuerpo, ni los aposentos de su prometido se transformaron en negras paredes de piedra relucientes por el hielo que la cubría. Es más, su pulso recuperó la calma al ver la figura del hombre al que amaba a un escaso metro de él, reorganizando algo en una bandeja.
—¿Sasuke? —lo llamó.
Este se dio la vuelta y le sonrió.
—Eh, buenos días, dormilón.
Naruto frunció el ceño.
—¿Qué hora es?
—La hora de cenar, has estado durmiendo todo el día —dijo mientras terminaba de preparar la bandeja que, incluso sin verla, supo por el olor que llevaba una jugosa cantidad de comida. El estómago le rugió en respuesta, haciendo que Sasuke soltara una risilla—. No sabía si debía despertarte o no para que comieras algo, pero veo que he hecho bien en traerte la cena —dicho esto, fue hacia él y dejó la bandeja justo a su lado en la cama antes de sentarse—. Toma, come lo que quieras.
El rubio casi gimió al ver los platos, todos ellos calientes y, lo más importante, ninguno llevaba conejo. Había sopa de cangrejo rojo, salmón ahumado bañado en miel, muslos de pollo rebozados en harina y huevo, jabalí asado fileteado a la piedra y con sal gorda, y todo acompañado de rodajas de patatas, queso de oveja y un generoso trozo de pan.
No abalanzarse sobre la comida le pareció, en ese momento, más que grosero, un crimen que debería ser penado con la horca. Así que Sasuke no tuvo que pedírselo dos veces y fue directo a por los muslos de pollo, que devoró como si no hubiera probado bocado durante semanas… lo cual no era cierto, pero, aunque le estaba más que agradecido a Taka por haberle alimentado todos los días, ya estaba harto de conejos y estaba ansioso por comer otra cosa.
Sasuke se permitió sonreír un poco, un tanto divertido por los gruñidos de placer que se le escapaban a su esposo mientras picoteaba aquí y allá, no dejando nada sin probar. Eso era bueno, pese a que Naruto le había asegurado que estaba bien y que había visto con sus propios ojos que no estaba herido, esa mañana se había dado cuenta de que en realidad estaba agotado, así como que había usado sus últimas energías en enfrentarse a Sakura y en ocuparse de Izumi. Necesitaba mucho descanso para recuperar todas sus fuerzas y comer bien, no le había gustado ver la delgadez que había adquirido en dos semanas.
—¿Llevas mucho despierto? —le preguntó este de repente.
—Parte de la tarde —respondió, entrecerrando los ojos—. Quería comprobar algunas cosas.
—¿Por ejemplo? —inquirió Naruto.
Sasuke no pudo evitar sonreír un poco. Ya sospechaba que, a pesar de que su rubio debía descansar todo lo posible, no dejaría pasar la oportunidad de saber lo que ocurría en su reino. Puesto que no había nada preocupante, no tuvo problemas en saciar su curiosidad.
—Primero le escribí una carta a tu abuela contándole lo que había sucedido y para hacerle saber que te encuentras bien y que te recuperarás rápido. Después me reuní con mi padre; me ha dicho que todo el pueblo está contento por tu regreso y que los aldeanos van a preparar un banquete en la plaza en tu honor y el de Taka.
Naruto puso los ojos en blanco mientras masticaba un generoso trozo de queso.
—Exageran.
Sasuke borró su sonrisa y lo miró con total seriedad.
—No lo hacen. Nadie había sobrevivido más de una noche a una ventisca.
—Tal vez no lo habría hecho si Taka no me hubiera ayudado.
Ante ese comentario, él estrechó los ojos con avidez.
—¿Por fin vas a contarme lo que pasó?
El rubio tomó un sorbo de la sopa de cangrejo, gruñendo encantado.
—Luego, cuanto tú acabes de contarme el resto. —Sasuke abrió la boca para protestar, pero Naruto añadió—. Así yo puedo terminarme la cena.
Eso le hizo cambiar rápidamente de idea. Por encima de todo, quería que su esposo descansara y que recuperara toda su fuerza. Así que continuó:
—También quería saber si mi padre había hablado con los Haruno. —Al reconocer el apellido, el creador alzó los ojos, pero no dejó de masticar el trozo de jabalí que tenía en la boca—. Sospechaba que no querrían tomar represalias, pero tenía que estar seguro. —Hizo una pequeña pausa a la vez que sus facciones se tensaban un poco—. Han pedido disculpas por todo lo que nos ha hecho Sakura. —Otra pausa, un poco más corta—. También han dicho que respetan el veredicto de Taka y que siguen siendo leales a mi familia y al futuro rey del Fuego.
Naruto ladeó la cabeza al detectar dureza en su voz.
—¿Y algo de eso te molesta?
Sasuke negó rápidamente con la cabeza y lo miró a los ojos.
—No. Esperaba este resultado. No quiero más problemas y menos con una casa noble de mi reino. Ya hemos tenido bastante.
—¿Y por qué no pareces contento?
El rostro de su prometido se ensombreció.
—Sakura. No digo que no esté satisfecho con el resultado, pero Taka podría haber dejado que yo llevara a cabo su sentencia.
Naruto lo observó un momento, intuyendo hacia dónde iban sus pensamientos y, también, sus emociones. Suspiró suavemente mientras dejaba la comida sobre la bandeja y se limpiaba para después buscar una de sus manos, que Sasuke le entregó de inmediato.
—Sasuke… Comprendo que sientas que era tu responsabilidad acabar con ella, pero Taka tenía motivos para hacer las cosas como las ha hecho.
—¿Por ejemplo?
—Una mujer de su propia tierra ha infringido las leyes divinas. ¿Cuántas veces ha ocurrido en tu reino?
El Uchiha frunció el ceño.
—Nunca que yo recuerde.
—Exacto. Tu pueblo es de los pocos que sigue manteniendo las viejas tradiciones, que sigue teniendo fe en su dios y que sigue haciéndole ofrendas y celebrando fiestas en su honor. Taka no podía permitir que nadie más que él impartiera justicia por esto, no podía parecer que le era indiferente que su propia gente desobedeciera sus leyes. Si es implacable con los suyos, demuestra que no tendrá ni un asomo de piedad con los enemigos de tu reino. Demuestra que sigue vigilante y presente en vuestras vidas.
Sasuke ladeó la cabeza.
—Ya veo.
El rubio sonrió y le acarició la mano.
—No te preocupes, te aseguro que el castigo que le espera a Sakura es mucho peor que si tú te hubieras limitado a destrozarla con tu espada —dicho esto, retiró sus dedos y fue directo a por el salmón ahumado—. A todo esto, ¿has sabido algo de Izumi?
El nuevo tema de conversación hizo que la expresión de Sasuke se suavizara y que sonriera.
—He ido a verla después de hablar con mi padre. Sigue estando desorientada, pero le ha bajado la fiebre y cuando le han dado la cena no la ha vomitado.
Naruto asintió.
—Eso es bueno. Unos días más alimentándola y ayudando a que la fiebre baje y lo más probable es que vuelva en sí misma en poco tiempo.
Sasuke lo miró con admiración y afecto.
—Creo que esta será la primera noche en la que mi hermano pueda dormir del tirón. Mi familia y yo te estamos muy agradecidos.
El rubio le devolvió la mirada y sonrió con ternura.
—Quería ayudar a Izumi y su bebé. Después de todo, ahora somos familia, ¿no?
Una cálida sensación llenó el pecho del Uchiha, que, incapaz de contenerse esta vez, se levantó para sentarse detrás de su prometido y abrazarlo por la cintura. Naruto, feliz por haber regresado a su lado, cerró los ojos y se apretó contra su fuerte torso, aspirando su olor al mismo tiempo que se acurraba un poco en su pecho. De repente, se le quitaron las ganas de comer. Ahora solo quería volver a la cama con él, dejar que sus brazos lo rodearan y besarlo hasta saciarse. Habían estado separados mucho tiempo, y había tenido miedo de no volver a verlo, tanto por si no lograba sobrevivir a la ventisca como por si Sasuke habría llegado a la fortaleza sano y salvo.
Necesitaba esa intimidad. Necesitaba sentir sus cuerpos unidos y amarlo del modo más primitivo que existía.
—Ya he terminado —anunció, expectante ante la idea de tener a su esposo solo para él durante toda la noche.
Este lo besó en la cabeza con cariño.
—¿Me contarás ahora lo que pasó en la Montaña Sagrada?
Naruto tuvo que contener un gruñido de disgusto. No era eso lo que quería, pero esa mañana le había prometido que hablarían cuando llegaran al castillo, sin embargo, entre Sakura, Izumi y su agotamiento, no había tenido ocasión de explicarle lo sucedido y, además, acababa de decirle que hablarían después de la cena.
—Sí, claro —dijo a regañadientes.
Sasuke lo besó de nuevo en la cabeza y se apartó para llevar la bandeja a la mesa. El creador echó en falta su contacto al instante.
Observó con impaciencia cómo dejaba la comida sobre la mesa y después lo siguió con los ojos hasta el armario. Abrió la boca para preguntarle qué hacía, pero la cerró de golpe cuando vio cómo se quitaba la camisa, quedándose en una camiseta interior que remarcaba con la más pura perfección las líneas de los anchos músculos de su espalda, que se flexionaban con cada movimiento.
Naruto no se perdió ni uno solo de ellos, sintiendo que sus mejillas enrojecían y que su entrada empezaba a palpitar.
Cuando se quitó la camisa, reafirmó que era el hombre más sexy del mundo. Los grandes hombros descendían por sus musculosos brazos, que acababan en unas manos ásperas y fuertes, viriles, que ansiaba sentir por todo su cuerpo. Su cintura delgada, y cuyo abdomen sabía que estaba adornado por angulosos músculos, subía por un pecho amplio e igual de poderoso que amaba explorar con sus curiosos dedos. No pudo evitar hacer una mueca de decepción cuando se puso la camisa que usaba para dormir, pero, a cambio, Sasuke lo compensó quitándose las botas y, lo más importante, los pantalones, dándole una hermosa visión de sus calzones abrazando su magnífico trasero. Quería clavar sus dedos en él mientras su marido lo follaba con fuerza, sin ningún tipo de restricción, sin control, desatado.
Se le escapó un gemido de deseo. Se había humedecido con tal solo pensar en esa escena.
Sasuke le escuchó y se dio la vuelta. Sus ojos parecieron oscurecerse más de lo que ya eran.
—Veo que te has quedado con hambre. —Pese a que su tono pretendía ser burlón, la voz le salió ronca. Ese sonido hizo que Naruto se mordiera el labio mientras un temblor se deslizaba por su espalda.
—No soy el único —murmuró.
Su marido lo devoró con los ojos, a lo que él respondió acostándose de nuevo en la cama, sin molestarse en taparse con las sábanas. Sasuke, sin molestarse en ponerse los pantalones para dormir, se acercó de nuevo a la cama con lentitud, como si pensara que no era buena idea pero, a la vez, deseando hacerlo.
Cuando estuvo a su lado, se subió al colchón, colocándose sobre su cuerpo, y lo cogió por las muñecas, levantándolas por encima de su cabeza. Naruto no intentó resistirse, al contrario, sus pezones se irguieron expectantes y sintió otra oleada de humedad inundar su entrada. Estaba muy excitado.
—Me dijiste que me contarías lo que te pasó en la Montaña Sagrada —dijo Sasuke despacio, sin dejar de mirarlo como si quisiera recorrer cada centímetro de su cuerpo, y no solo con las manos, precisamente.
Se removió un poco, frustrado por no obtener la atención que deseaba.
—He dicho que lo haría.
—Yo te veo bastante distraído —comentó Sasuke, alzando una ceja y esbozando una media sonrisa.
Naruto se sonrojó y apartó la vista.
—Me comportaré, lo prometo.
Su prometido suavizó su sonrisa y lo besó en la cabeza antes de liberarlo y meterse bajo las sábanas. Naruto pensó que estarían cara a cara, por eso le sorprendió que Sasuke lo girara en la otra dirección para después abrazarlo por la cintura.
—¿Sasuke? —lo llamó el rubio, un poco confundido.
—Así no te distraerás —respondió el Uchiha con un toque de diversión en la voz.
Naruto resopló:
—Engreído.
Su marido soltó una risilla y se apretó contra él, haciendo que se sonrojara cuando fue plenamente consciente del contorno de su miembro, que no estaba precisamente perezoso.
—Sasuke…
—No he dicho que seas el único que está distraído —dicho esto, lo abrazó un poco más contra él y hundió el rostro en su cabello. Le pareció que también lo olía, tal como había hecho él antes—. Ahora, cuéntame tu historia.
Naruto suspiró, sospechando que no iba a tener lo que quería hasta que Sasuke tuviera lo que quería, de modo que empezó a contarle lo sucedido. Le dijo cómo había conseguido las raíces de piedra gracias a una transformación parcial, y cómo, justo después de eso, Sakura lo había arrojado por el precipicio. Le contó el estado en el que quedó después con una pierna rota y el hombro dislocado, cómo tuvo que arrastrarse hasta una cueva con la ayuda de la daga que le había devuelto Taka, cómo estuvo a punto de echar a perder su condición de creador y cómo escogió no hacerlo, bebiendo en su lugar la sangre de Kurama, que le dejó con graves efectos secundarios.
Durante ese relato, Sasuke estuvo bastante tenso y lo abrazó con fuerza, como si sufriera por todo lo que había pasado. Naruto le había acariciado los brazos y besado las manos, recordándole que estaba bien y que estaban juntos, a lo que su marido respondió enredando sus piernas con las suyas y enterrando el rostro en su cuello para besarlo. Él se estremeció por la sensación, pero continuó contándole lo que ocurrió después para que estuviera tranquilo. Le contó cómo se despertó frente a un Guardián que le había cubierto con mantas y avivado el fuego, así como le dijo que Taka lo estuvo alimentando todos los días a base de conejos, que en estos momentos seguía odiando con todo su ser, lo cual hizo reír un poco a Sasuke.
Tras finalizar su relato, acarició el antebrazo de Sasuke.
—¿Lo ves? No ha sido tan malo.
Este gruñó, mostrando su desacuerdo.
—Podría haberte ahorrado todo eso. No tendría que haberte dejado solo.
Naruto supo enseguida a qué momento se refería. Suspiró y dio media vuelta en sus brazos, buscando sus ojos. Estos lucían atormentados.
—Eh —lo llamó, cogiéndolo por el mentón—, ya hablamos de esto esta mañana. No es culpa tuya lo que me ha pasado, ¿de acuerdo?
Sasuke esbozó una triste sonrisa.
—Lo sé. Es solo que… —Cerró los ojos un momento, pensando en todo lo que quería decirle. Cuando estuvo seguro de qué palabras usar, abrió los párpados y lo miró con un profundo dolor reflejado en sus irises oscuros—. Estas han sido las peores semanas que he pasado. Pasé los primeros tres días en la Torre Blanca, rezándole a Taka para que no te pasara nada y te permitiera regresar sano y salvo. Si no hubiera sido por mi padre, me habría quedado allí, suplicando hasta volverme loco. Después de eso, me obligué a seguir una rutina para no dejar que el dolor acabara conmigo: me levantaba, comía, rezaba, ayudaba a mi hermano con Izumi, buscaba en la biblioteca algún modo de que pudieras sobrevivir ahí fuera y entrenaba hasta que las piernas me fallaban. Todo con tal de hacer más llevadero el miedo que me destrozaba por dentro —dijo, tensando sus facciones al recordar aquel sufrimiento, que apenas había terminado esa misma mañana—. No sabía qué pensar, Naruto. Deseaba desesperadamente creer que seguías vivo, que aún guardabas algún truco para superar la ventisca y regresar, una parte de mí se aferró a esa esperanza con tanta fuerza que no pude hacerla desaparecer a pesar de que había días en los que tan solo quería rendirme a la lógica, aceptar que habías muerto y llorarte para poder superarlo, para no tener que estar luchando constantemente con ese miedo a haberte perdido para siempre y el dolor que ello conllevaba.
—Sasuke… —murmuró Naruto con el corazón encogido. Pero Sasuke continuó antes de que pudiera hablar.
—¿Pero sabes qué era lo peor? No podía dejar de pensar en una cosa. No podía parar de pensar en que la última conversación que tuvimos fuera por una amante por la que no sentía nada, no podía soportar que… la última vez que te viera… fuera cuando te sentías herido. Lo odiaba. No pude dejar de decirme a mí mismo que tendría que haber reaccionado de otra manera, que tendría que haberte escuchado y consolado, que tendría que haberte hecho ver que tú eras lo más importante para mí y que ninguna otra mujer, sea una examante o no, me habría apartado de ningún modo de tu lado —dicho esto, miró a Naruto a los ojos, deseando que se diera cuenta de que todo cuanto decía era cierto y despejar, de ese modo, cualquier duda que pudiera tener acerca de sus sentimientos—. Tendría que haberte dicho que te amo. Y lo siento. Siento no haber hecho ninguna de esas cosas.
Naruto, que tenía los ojos anegados de lágrimas, no dudó dos veces en abrazarlo con fuerza, enterrando el rostro en el hueco de su cuello. Ya sabía que Sasuke lo había pasado mal, y el no poder hacer nada para ayudarlo tan solo habría empeorado esa sensación, pero escuchar sus temores… y la culpa que había estado sintiendo… Le recordó a lo que él sintió justo antes de tomarse la sangre de Kurama.
—Yo también lo siento. Hacía algún tiempo que me había dado cuenta de que me había enamorado de ti y… me asusté. Tenía miedo porque sabía que tú nunca quisiste atarte a nadie y que siempre habías rechazado esos sentimientos en otras mujeres. Yo… no quería estropear lo que había entre nosotros. Por eso volví a sentirme inseguro cuando hablé con Korin.
Sasuke lo estrechó contra su cuerpo fuertemente, como si una parte de él aún temiera que fuera a desvanecerse.
—Yo también hacía tiempo que pensaba que estaba enamorado de ti. No lo sabía al cien por cien porque nunca había amado a nadie de esta manera… y me di cuenta demasiado tarde. —Entonces, se separó un poco para tomar su rostro entre sus manos y acariciarlo como si fuera lo más preciado en el mundo para él. De hecho, lo era—. Pero si me lo hubieras dicho antes… creo que… lo habría entendido. Creo que me habría hecho muy feliz saber que alguien como tú amaba a alguien como yo.
A Naruto, entre toda la emoción que se arremolinaba en su interior, se le escapó una risilla y le apartó el flequillo de la cara con cariño para ver mejor sus ojos, en los que ya no veía dolor, sino un brillo de felicidad.
—No eres tan malo, Sasuke. Un poco arrogante y engreído a veces, pero se puede aguantar, aunque no lo conviertas en una costumbre.
Él también rio, con los ojos cristalinos, reflejando el mismo cúmulo de sentimientos que inundaban a Naruto, y, después, juntó su frente a la suya, mirándolo profundamente a los ojos, desvelando lo que antes había estado oculto hasta para sí mismo.
—Te quiero, Naruto.
—Y yo a ti, Sasuke —dijo justo antes de besarlo.
Cuando sus labios se fundieron, un torbellino de emociones estalló en ellos. No había nada más, nada más que la alegría y el alivio, la ternura y la felicidad, el amor y la pasión, el deseo, el calor, la lujuria. Ambos se dejaron llevar por ella, permitieron que su fuego los arrasara y que todo lo demás dejara de existir. Solo existían ellos dos, sus cuerpos fundidos en un abrazo, sus manos acariciándose, sus bocas devorándose.
Naruto arañó la espalda de Sasuke mientras le quitaba la camiseta, desesperado por sentir su piel contra la suya, mientras que este no tuvo reparos en rasgar la suya, dejando al descubierto sus pezones erizados, ansiosos por llamar su atención. Un gruñido profundo escapó de su garganta cuando la tela de su camisa se arremolinó en su cuello, paralizando sus planes de darle placer, así que la agarró con un gesto brusco y, sin miramientos, se la quitó de un tirón y la lanzó a cualquier parte antes de abalanzarse sobre el cuello de su rubio para mordisquearlo a placer a la vez que pasaba sus manos por su torso, buscando con los dedos sus sensibles pezones, en busca de su excitación.
—¡Aaah! —exclamó Naruto, totalmente sonrojado. Estaba caliente, su cuerpo ardía en llamas y sentía todos y cada uno de los roces de Sasuke como una erógena caricia que parecía concentrarse en el punto más íntimo de su ser, el cual clamaba por hallar alivio entre las olas de deseo que lo consumían.
Incapaz de estarse quieto, pasó sus manos por los duros músculos de la espalda de su amante, anhelando fervientemente aferrarse a él mientras era poseído del modo más rudo y primitivo que podía existir. Totalmente dispuesto a conseguir lo que quería, alzó las caderas, buscando las de su marido con desesperación, gimiendo triunfal al descubrir el contorno de su dura polla y frotarse contra ella sin el menor asomo de vergüenza. De hecho, lo disfrutó. Sí, disfrutó de cómo Sasuke jadeó de puro deseo antes de apartarle las manos con un gruñido impaciente y separarse para quitarle los pantalones y cualquier prenda que tuviera debajo que le impidiera el acceso a su dulce interior.
Naruto soltó un pequeño gemido cuando su entrada, húmeda, caliente y ansiosa, se vio libre de la molesta ropa interior. No lo pensó dos veces y abrió las piernas, haciéndole saber a su amante que estaba más que preparado para una pasional unión carnal. Este, sin embargo, optó por ponerlo a prueba antes; su dedo se deslizó por su interior de un solo golpe, arrancándole un grito de placer. Había sido tan intenso que por poco llega al orgasmo.
—Joder, Naruto —gruñó Sasuke—, estás totalmente mojado… —dijo antes meterle un segundo dedo que, esta vez sí, catapultó al rubio a la cima de un golpe, dejándolo tembloroso y jadeante.
—Sasuke… —lo llamó con un gemido, sintiendo adolorido el lugar más sensible de su ser. No era suficiente, necesitaba algo más, necesitaba a Sasuke dentro de él—. Por favor…
Pese a que sus ojos parecieron volverse totalmente negros por el deseo, le preguntó:
—¿Seguro? ¿Sin juegos previos?
—Ahora no, por favor —pidió, incapaz de esperar más—. Te necesito.
Su amante no se hizo esperar. Se quitó los calzones como pudo y luego lo cogió de las muñecas para dejar sus manos sobre su cabeza, obligándolo a quedarse quieto. Un nuevo torrente de calor y humedad se apoderó de su entrada, haciéndole gemir largamente. Apenas unos segundos después, una fuerte embestida le hizo chillar de placer.
Y ya no pudo sentir nada más. Todo lo demás fue barrido de su mente, desapareció para él. Sus cinco sentidos estaban puestos en Sasuke, en el hombre al que amaba y el fuego que los arrollaba. Sus jadeos y gruñidos resonando en sus oídos como una erótica melodía interpretada exclusivamente él, sus manos deslizándose por sus palmas hasta entrelazar sus dedos, posesivo y tierno a la vez, su duro pecho rozando el suyo, frotando sus enhiestos y sensibles pezones, su boca acariciando su cuello, su lengua jugando con su piel, sus caderas golpeando las suyas. Él gemía, dejando que las olas de placer nublaran su mente, permitiendo que se apoderaran por completo de él, haciéndole estallar en llamas una y otra vez. Con la espalda arqueada y las piernas completamente abiertas, se entregó por completo a Sasuke, acogiéndolo cálidamente en su interior cuando él se dejó llevar con un grito de pasión, arrastrándolo consigo.
Naruto permitió que su amante se derrumbara sobre él y, una vez le liberó las manos, rodeó su cuello con los brazos, enterrando los dedos en su pelo, acariciando sus mechones al mismo tiempo que enterraba el rostro en el hueco de su cuello para besarlo. Todavía sentía su polla dentro de él, un poco más relajada, pero palpitante tras el intenso orgasmo. Pese a que se había quedado satisfecho, la sensación le produjo un nuevo cosquilleo en su entrada, que seguía húmeda y caliente tras su feroz encuentro sexual.
Al poco rato, Sasuke levantó la cabeza para contemplarlo. Sus ojos oscuros tenían un brillo de absoluta satisfacción, aunque aún mantenía un toque de esa mirada depredadora que tanto excitaba a Naruto. De hecho, se estremeció a la vez que su punto más íntimo se apretaba un poco.
Su amante lo sintió de inmediato, ya que su miembro reaccionó endureciéndose un poco. El rubio no pudo evitar gimotear un poco.
—Tendrías que haber dejado que te tocara antes —ronroneó Sasuke mientras se inclinaba para mordisquearle el lóbulo de la oreja.
Naruto gimió, fuerte y arqueándose. Sus manos bajaron hasta su espalda y clavó los dedos en ella, aferrándose a él.
—Sasuke… ¡Mmm! —suspiró cuando su amante empujó lentamente sus caderas contra sus nalgas, metiéndosela hasta el fondo. Volvía a estar duro y quería más, por lo que se dispuso a rodear su cintura con sus piernas pero, antes de que pudiera inmovilizarlo sobre él, Sasuke se apartó, haciéndole sentirse vacío por dentro. Odió esa sensación con todo su ser—. No. Por favor…
Sasuke le lanzó una sonrisa lobuna que le dijo que no tenía intención de detenerse.
—Date la vuelta… y abre las piernas.
No tuvo que decirlo dos veces, el creador se giró con rapidez y separó los muslos con expectación. Se mordió el labio cuando sintió sus grandes manos acariciando sus nalgas calientes, y se le escaparon jadeos en voz baja cada vez que uno de sus dedos rozaba, aparentemente de forma casual, su entrada.
Ya estaba empezando a removerse por las ganas de ser penetrado cuando, de repente, Sasuke pasó sus brazos por debajo de sus mulos y rodeó su cintura, manteniéndolo así inmóvil. Antes de que Naruto acabara de asimilar lo que venía a continuación, su lengua lo acarició donde más lo deseaba, haciendo que soltara un gemido de pura satisfacción. Notó que su marido sonreía, sin duda alguna henchido de orgullo masculino, pero, en esos momentos, no podía importarle menos. Amaba que lo lamiera; le lanzaba fuertes descargas de lujuria que provocaban que arañara la cama y se retorciera sobre las sábanas, debatiéndose entre escapar de su traviesa lengua en busca de un alivio momentáneo a tanto placer o quedarse en su lugar, rindiéndose a él, sometiéndose al fuego que ya lo estaba domando, conduciéndolo a la más dulce de las locuras.
Por una vez, no luchó. Se aferró a las mantas mientras Sasuke le daba todo cuanto quería: lo lamió una y otra vez, empapándose de su sabor, conduciéndolo tan cerca del orgasmo que resultaba doloroso y placentero a la vez, para, después, cuando ya estaba a punto, penetrarlo con la lengua, tan profundo como podía, permitiendo que al fin el deseo lo arrastrara a un mar de fuego. Por último, cuando apenas se había recuperado de su intenso estallido, su amante le frotaba la entrada con los dedos, haciendo que saltara, tembloroso, ante la erótica caricia, provocándolo de nuevo.
Una vorágine de placer lo consumió. Su marido no dejó de jugar con él con su lengua y sus dedos, ahora lamiéndolo, después penetrándolo, luego rozándolo. No fue consciente ni del tiempo que pasó, ni fue capaz de contar los orgasmos que experimentó. Tan solo sabía sentir y dejarse hacer.
Para cuando Sasuke lo liberó, su cuerpo tiritaba y él jadeaba, totalmente sonrojado.
—Sobre tus manos y rodillas —le ordenó, provocando un agradable estremecimiento en toda su columna vertebral. Obedeció a pesar de que le temblaban las rodillas y sentía las piernas flojas, no le importaba. Lo deseaba.
Una vez estuvo en posición, su marido lo envolvió con su cuerpo, abrazándolo, y levantó su torso antes de inclinarlo, de tal manera que tuviera que apoyar las manos en el cabecero de la cama.
Se sintió muy expuesto… y de la mejor manera.
Oyó que Sasuke gruñía un segundo antes de que sus manos acariciaran sus hombros, descendiendo con dolorosa lentitud por su espalda, sus costados, sus caderas… hasta llegar a las nalgas. Naruto gimoteó, temblando, cuando sus dedos volvieron a rozar su entrada. No podía evitarlo, sentía todos y cada uno de los roces de una manera muy intensa pero, al mismo tiempo, no podía evitar querer más. Era como si la llama que había prendido dentro de él no se pudiera apagar con esas caricias, sino todo lo contrario, la enardecía todavía más.
Su amante lo sabía y, una vez más, le dio lo que tanto anhelaba.
Esta vez, su embestida fue lenta y muy suave. Pudo sentir cómo cada centímetro de su miembro lo penetraba, adentrándose en su interior, conectándolos del modo más íntimo que podía existir.
—Aaah… Aaaaah… Mmm… —gimió, disfrutando al máximo de cada lento empuje.
—Joder, Naruto… —susurró Sasuke, pasando una mano por la zona baja de su espalda, acariciándolo—. Eres lo más hermoso y sexy que hay en el mundo…
Y él era lo más valioso que tenía en su vida. Había sido su protector cuando no había podido enfrentarse al Consejo o a cualquiera de los nobles que lo miraban por encima del hombro, su consejo cuando la indecisión lo había carcomido y su apoyo cuando había deseado derrumbarse. Era su amigo, amante y marido, era su compañero de por vida.
Era la persona a la que escogía para él. Por una vez en su vida, su futuro no había sido decidido por otros: su abuela, el Consejo, las tradiciones, los protocoles sociales. Puede que Sasuke y él quedaran entrelazados por pura convención, pero, al final, los dos habían quedado unidos por un vínculo más fuerte que solo dependía de ambos, un vínculo que habían cuidado y apreciado más que ningún otro. Los dos se habían esforzado por ello, y, así, habían escogido estar juntos, pasara lo que pasara.
Se pertenecían el uno al otro. Era así de simple.
Algo dentro de él se encendió, algo que despertó junto a una embestida más potente que le hizo jadear de deseo. Una parte de él, recóndita y mística, despertó en lo más profundo de su ser y se extendió por todo su cuerpo, fluyendo por sus venas, acelerando su ritmo cardíaco, tensando sus músculos, preparándose para el inminente estallido de pasión. Cuando este llegó, con un golpe, firme, rudo, sus ojos cambiaron de color. La bestia que llevaba dentro aulló, triunfal, en perfecta armonía con él cuando el placer lo asoló.
Ya no podía esperar. Ambas partes de sí mismo querían a Sasuke.
Su Sasuke.
Con un gruñido, Naruto se irguió y se echó hacia atrás, procurando no romper la conexión entre sus cuerpos, pero obligando a su amante a mantenerse apoyado sobre sus rodillas.
—¿Naruto? —murmuró Sasuke, sorprendido.
El creador echó la mano hacia atrás para agarrar su cabello, necesitando algo a lo que aferrarse, mientras que, con el otro brazo, instó a su compañero a abrazarlo por la cintura. Sasuke obedeció sin pensarlo y apoyó el mentón en el hombro, besando su cuello. Naruto siseó de placer y, viendo que su marido no se quejaba por la postura, alzó las caderas muy despacio, sintiendo en todo momento su duro miembro hasta que tan solo la punta quedó presionada contra su entrada… Y, después, descendió con la misma lentitud, gimiendo de puro gozo.
—Mmm… —se le escapó a Sasuke, haciendo que hinchara el pecho con orgullo. Le gustó ver que él también podía causar el mismo efecto tenía su amante en él.
Sin dudarlo, repitió el movimiento, esta vez, sin detenerse. Empezó con un lento y seductor vaivén, incitando a su compañero a unirse a una danza dulce y pasional. Este, entre gemidos, le siguió, adaptándose a su ritmo, respetando su decisión de dirigir aquel baile. Naruto ronroneó, disfrutando de la maravillosa sensación de moverse en perfecta armonía, de acariciarlo íntimamente y que le permitiera poseerlo a su manera. Satisfecho y excitado por llevar la voz cantante, sus movimientos se hicieron un poco más rápidos y contundentes, buscando el placer de ambos. Sintió cómo su polla reaccionaba casi de modo instintivo, palpitando, mientras que Sasuke lo abrazó con más fuerza, jadeando suavemente en su oído. Consintió que se adaptara a su nuevo ritmo, gruñendo encantado cada vez que su culo golpeaba sus caderas con decisión. Su temperatura corporal estaba aumentando, su sangre hervía bajo su piel, su corazón bombeaba con más fuerza que nunca.
Ya estaba cerca. Muy cerca.
—Aaaah… Aaaaah… Naruto… —gemía su amante, besando su piel caliente.
—Mío —gruñó él, con los ojos brillantes y enardecidos.
Dilo, Sasuke, gruñía su bestia, impaciente y sedienta de placer.
Este se aferró a su cuerpo, sin detener la danza, y enterró los labios en su cuello.
—Ahora y siempre —le prometió con fervor, mordiéndolo en la base de la garganta con suavidad. Justo donde quería.
La bestia rugió, ya libre para ejercer su voluntad, y Naruto no la detuvo. Sus caderas subieron y bajaron en una nueva danza, frenética, incontenible y desenfrenada. Sasuke gritó de placer y respondió con furiosa pasión cada uno de sus envites, rodeando su cintura con firmeza y aferrando una de sus nalgas con la mano libre, intentando obtener un mínimo de control sobre aquella fogosa unión.
Pero no lo había. Naruto lo había reclamado, y Sasuke había dicho las palabras.
El ritual era imparable, como el fuego que ardía en ellos y que ahora corría por sus venas como rápidos descendiendo una montaña. Llenó cada recoveco y cada rincón de sí mismos, los envolvió como enredaderas abrazadas a los árboles, acariciándolos como las olas a la orilla y, a la vez, ahogándolos en su propia pasión hasta que no quedó nada más que eso.
El amor que sentían el uno por el otro. Uno sincero y verdadero, el único que podía desencadenar una unión que duraría por siempre y más allá de la propia muerte.
Ambos se dejaron arrastrar por el fuego, ya sin intentar controlarlo. Incluso inmersos en su propia neblina de deseo y placer, se acoplaron el uno al otro de forma instintiva, moviéndose en perfecta armonía, danzando ya juntos el último paso del rito. Naruto buscó los labios de Sasuke con desesperación a la vez que hacía las embestidas más pesadas y profundas, dejando que él llegara hasta el punto más íntimo de su ser. Él le devolvió el beso sin dudar y lo rodeó por completo con los brazos sin dejar de golpear su trasero con las caderas, fuerte, duro, sabiendo que se acercaban a la ardorosa cima.
Y, entonces, esta los recibió en un estallido de calor. Sus cuerpos sufrieron un instante de tensión, el preludio a las delicias del orgasmo, antes de correrse al unísono entre crestas de pasión, delirios de lujuria y temblores de placer. Los dos gritaron el nombre del otro, incapaces de contenerse, alto y claro, con una poderosa emoción que vibraba en sus voces, como si anunciaran a los mismísimos dioses que su vínculo era inquebrantable y que nadie, ni siquiera ellos, podrían romperlo.


Horas más tarde, con las primeras luces del alba, Sasuke sonreía mientras pasaba los dedos por los mechones rubios de su esposo. Dormía muy pacíficamente, a pesar de que todavía tenías las mejillas arreboladas por la noche anterior.
Aún no era capaz de describir lo que sucedió. Jamás había sentido el sexo de esa manera; había sido algo muy profundo e íntimo pero, al mismo tiempo, había habido algo salvaje y primitivo y… había sentido… No sabía cómo explicarlo, era como si una especie de poder ancestral los hubiera poseído cuando Naruto lo montó. Había sentido su fuerza envolverlo hasta que habían alcanzado el clímax y, después, se desvaneció, sin más, como si nunca hubiera estado dentro de ellos.
Sin embargo, no sentía nada diferente, y Naruto estuvo bien el resto de la noche, de hecho, había estado más insaciable que nunca y, extrañamente él también. Si bien era cierto que él tenía buen aguante durante sus relaciones, también lo era que nunca se había corrido tantas veces seguidas y con tanta facilidad. Tal vez se debía al tiempo que habían estado no solo separados, sino también preocupados por si volverían a verse. No dudaba de que Naruto habría estado sufriendo por si él había llegado sano y salvo a la fortaleza.
Probablemente los dos habían necesitado estar juntos de ese modo. Sentirse y amarse.
Con una tierna sonrisa, besó a su rubio en la cabeza, que no se inmutó lo más mínimo, y se deslizó fuera de la cama con mucho sigilo, no queriendo despertarlo. Lo arropó con todas las mantas que encontró y encendió un fuego mientras se vestía para que no pasara frío estando desnudo; podría vestirlo, pero eso implicaría despertarlo y quería que descansara todo lo que necesitara hasta que regresara con el desayuno.
Además, había una cosa más que tenía que hacer antes de regresar, algo importante.
Tras asegurarse por última vez de que los sueños de su esposo eran pacíficos y de que estaba perfectamente, salió de la habitación y cerró la puerta con suavidad antes de encaminarse hacia su destino, uno ya muy conocido.
Sin embargo, apenas unos minutos después, Naruto se revolvía entre las mantas. No quería despertarse, pero había algo que lo llamaba, algo que insistía en que abriera los ojos. A pesar de sus intentos por permanecer con los párpados cerrados, acabó por gruñir y darse la vuelta al mismo tiempo que se sentaba de un salto, encontrándose con la chimenea encendida.
Y, entonces, el fuego atrapó su mirada, ya no lo soltó. Lo sumergió en las llamas de un destino inevitable, desvaneciendo todo lo demás. Incluida la persona que estaba entrando en esos momentos en la habitación con una espada en la mano.


Sasuke hinchó el pecho, sobrecogido, cuando entró una vez más en la capilla de la Torre Blanca. De sus ventanales caían haces blancos de luz que, curiosamente, daban directamente en el altar, que se encontraba rodeado de ofrendas de múltiples formas: figuritas de madera o piedra en forma de halcón, pieles de animales, algunas de ellas exquisitamente tapizadas, y otras, más pequeñas, repletas de viandas, incluso vio alguna que otra muñeca, probablemente dejada por la hija de algún sirviente o soldado.
Nadie lo había visto nunca, pero se decía que los Guardianes de Taka bajaban de las montañas para recoger las ofrendas y se las llevaban a su hogar sagrado. En ocasiones, estas ofrendas eran devueltas por los hombres halcón en forma de regalos para aquellos que habían tenido fe en su dios, bien como plantas medicinales u ofreciendo su ayuda a alguna plegaria hecha, no escaseaban historias sobre niños enfermos o gente perdida en las montañas o el interior de las minas que se habían salvado de ese modo.
Tras inspirar profundamente, Sasuke fue hasta el altar, extendió la piel que había traído consigo y se arrodilló sobre ella para hacer una reverencia.
—Mi señor —saludó, con la voz cargada de respeto—. Hoy… —empezó, con los labios hacia arriba, escapándosele una pequeña sonrisa—. Hoy no le robaré tanto tiempo como otras veces. Solo venía a… darle las gracias. —Hizo una breve pausa, cerrando los ojos—. La verdad es que no conozco las palabras adecuadas para expresarle mi absoluta gratitud por haber traído de vuelta a mi esposo sano y salvo, pero me gustaría intentarlo. Desearía que supiera lo importante que es para mí. —Inspiró hondo, tratando de formular lo que quería decir—. Desde que mi madre murió, he estado perdido. Dejé de sentir que este era mi sitio, era como si todo lo que me ataba aquí se hubiera ido con ella. Por eso me fui al mar, esperaba encontrar aquello que me faltaba en alguna tierra remota pero, fuera adonde fuera, nada me llenaba. No lograba sentirme satisfecho con nada —dicho esto, sonrió—. Y entonces, conocí a Naruto. Sin darme cuenta, él reemplazó el vacío que tenía. Me obligó a abrir los ojos a muchas cosas, me ayudó a ser mejor de lo que era y me dio el lugar al que pertenecer que tanto había estado buscando. Él lo es todo para mí, le quiero más que a nada. Así que gracias. Gracias por salvarlo y traerlo de vuelta.
Era lo que debía hacerse.
Sasuke abrió los ojos de golpe al escuchar esa voz en su cabeza. Un tanto dubitativo, alzó la vista, encontrándose con la bella ave moteada posada sobre la misma estatua que la representaba sin la menor dificultad, la cual le observaba con una mirada atenta llena de inteligencia y bondad.
De repente, los nervios lo ofuscaron. Era la primera vez que una deidad se presentaba ante él… y que le hablaba directamente.
Tras unos segundos en los que le costó digerir que tenía al mismísimo Taka delante, se sobresaltó, recordando la educación religiosa de su padre, y volvió a agachar la cabeza en una reverencia que, además, le servía para no mirar a la criatura. Pues pese a adoptar una forma más pequeña que él, había algo a su alrededor que hacía vibrar la estancia, como si su poder, su fuerza, la hubiera llenado por completo y estuviera intentando salir de la misma presionando las paredes. Y, sin embargo, no era una energía agresiva u hostil, sino más bien… Imponente. Majestuosa. La expresión más pura del poder en un estado de reposo, una fuerza que fluía en el aire, que podía sentirse en cada centímetro de la piel, en cada piedra de la torre, en cada respiración del viento, en cada latido de corazón.
Jamás había sentido nada igual. Y eso, debía admitir, lo intimidaba un poco.
Aun así, se las ingenió para susurrar:
—Mi señor —saludó con respeto, aunque algo tembloroso.
El halcón, perfectamente consciente de su estado, le respondió en un tono muy suave y aterciopelado:
No temas, Sasuke. Tu reacción es perfectamente natural, pero te aseguro que no debes sentir ningún miedo de mí. Tan solo he venido a conversar.
Sasuke dejó escapar el aire que había estado conteniendo muy despacio, tomándose su tiempo para calmarse antes de incorporarse poco a poco, sin ninguna prisa, hasta sentarse sobre sus rodillas y volver a levantar los ojos para dirigirse a su dios, aunque evitó encontrarse de nuevo con su mirada.
—Soy vuestro, mi señor.
Taka hinchó un poco el pecho.
En primer lugar, permíteme ofrecerte a ti y al hijo de Kurama mis más sinceras felicitaciones por completar el Rito de Apareamiento.
Sasuke frunció el ceño, totalmente descolocado.
—¿Discúlpeme?
El halcón, en absoluto sorprendido, contestó con calma:
Es el ritual más antiguo del mundo, lo que ahora conocéis los hombres como “matrimonio”. Sin embargo, los mortales pueden aparearse por voluntad propia, en los creadores eso es diferente.
Algo en esas palabras no acabó de gustarle a Sasuke.
—¿Qué quiere decir?
Taka, inmutable, respondió con total tranquilidad:
Los creadores son el vínculo entre los humanos y los dioses, nacieron para ser vuestra guía, vuestros líderes. A cambio de tanta responsabilidad, nosotros, los inmortales, decretamos que a su lado deber haber alguien digno de él, alguien que dedicaría toda su vida a cuidarlo y protegerlo sin vacilación ni remordimientos. Alguien que lo ame incondicionalmente. Como tú.
Esas palabras tomaron por sorpresa a Sasuke y no pudo evitar mirar esta vez al halcón a los ojos. Sus irises dorados eran amables y tenían un brillo risueño, como si le hiciera gracia su reacción. Eso le hizo sonrojarse, pero asintió.
Taka, por otro lado, continuó:
El Rito de Apareamiento de un creador es algo que nace naturalmente en él, un instinto primitivo de reclamar a su pareja. El hijo de Kurama te reclamó y tú le juraste tu corazón y tu vida. Ese instinto no nacería si vuestros sentimientos no fueran sinceros y verdaderos. Y, en estos tiempos, una unión como esa es difícil de encontrar. Los dioses estamos complacidos.
Sasuke inclinó la cabeza.
—Es bueno saberlo —dicho esto, hizo una prolongada pausa, pues una duda asolaba su corazón desde que había hablado con Naruto la noche anterior, pero no estaba seguro de si sería prudente hacerla.
Pero, por supuesto, el halcón presintió lo que le ocurría.
¿Hay algo que quieras preguntarme? Tal vez, ¿por qué no maté a Sakura Haruno en el instante en el que entró en mi hogar?
Sasuke se sobresaltó un poco. Debía admitir que no esperaba que supiera tanto.
—Sí. ¿Acaso… no la vio?
El ave sacudió graciosamente la cabeza, haciendo un sonido como si estuviera estornudando, aunque él, no supo muy bien por qué, habría dicho que era una especie de carcajada.
Joven príncipe, yo veo todo lo que ocurre en esta tierra, y especialmente si alguien profana mi santuario.
—Entonces, ¿por qué…?
Taka lo observó con comprensión.
Cada dios tiene su forma de hacer las cosas. Kurama mandó inmediatamente a sus Guardianes a por aquella extranjera nada más presentir su llegada a su casa. Pero, en mi caso, esa mujer pertenece a mi tierra. Quería ponerla a prueba. Quería ver si, en el último momento, sería capaz de cambiar, de ver sus errores y dar media vuelta. Cambiar es lo más difícil que puede hacer una persona, Sasuke, significa dejar de lado tus creencias y tus deseos para hacer lo correcto. Si Sakura Haruno lo hubiera hecho, si en el último momento hubiera decidido no arrojar al hijo de Kurama por el precipicio, la habría redimido de sus errores pasados. Pero no fue así.
Sasuke asintió, sintiéndose un poco más tranquilo al entender sus razones.
—Lo entiendo.
Además, sus actos me sirvieron para poneros a prueba a ti y al hijo de Kurama.
—¿Cómo? —exclamó, confundido.
El halcón movió un poco las alas, recolocándolas.
Ambos vais a ser reyes, os enfrentaréis a situaciones muy duras como gobernantes. No es de extrañar que los dioses os pongan a prueba para comprobar si estáis preparados para ese grado de responsabilidad. En el caso del hijo de Kurama, como creador, su responsabilidad es aún mayor. Cuando decidisteis venir aquí, tanto Kurama como yo supimos que sería yo quien lo pondría a prueba.
Sasuke abrió la boca, pero le resultó difícil pronunciar palabra.
—Yo… No lo entiendo.
El heredero del Fuego es vulnerable aquí. El sol no es fuerte y el terreno es duro y peligroso. Las acciones de Sakura al arrojarlo por el precipicio lo pusieron en la peor situación posible; herido y privado de sus poderes, sin comida, ni agua, ni forma de escapar. Yo puse su fuerza de voluntad a prueba dejando que un conejo se acercara a él; debía tomar una decisión muy importante, tal como escoger entre su propia vida o ser fiel a su naturaleza como creador. No le resultó nada fácil, pero hizo lo correcto.
—¿Y qué hay de mí? —preguntó Sasuke, confundido—, yo no tuve ninguna prueba.
A pesar de que el rostro de Taka era el de un ave, pudo jurar que sonreía.
Por supuesto que sí. Sasuke, eres un hombre fuerte y valiente, ningún dios que te vea dudaría de que te lanzarías a combatir los peligros y obstáculos que se te pusieran por delante sin dudarlo. No, no puedes ser puesto a prueba de esa manera, resultaría demasiado sencillo. Debías ser capaz de superar algo que realmente fuera difícil para ti, y las acciones de Sakura te colocaron en la posición perfecta. Sasuke, tu verdadero reto era ser capaz de darte cuenta de lo que podías hacer por el hijo de Kurama en ese momento.
—Esperar —murmuró Sasuke, comprendiéndolo todo con una mueca—. Detesto estar de brazos cruzados, incapaz de hacer nada.
Exacto —coincidió Taka, mirándole esta vez con cierta tristeza—, sé que no fue fácil para ti, y que sufriste por ello. Pero demostraste la clase de rey que vas a ser, uno que escucha a sus allegados cuando le dicen que actuar solo agravará la situación, y que supo tener fe en las capacidades de su compañero.
Sasuke sonrió, viendo lo irónico de la situación.
—No fue nada fácil.
Tener fe es algo muy difícil. Pero tú ya lo sabes.
Él curvó los labios en una sonrisa ladeada e inclinó la cabeza, gesto que el halcón le devolvió, como si ambos fueran partícipes de algo que solo ellos conocían. Sasuke sospechaba que el dios ya sabía lo difícil que fue para él creer en su existencia tras la muerte de su madre y, aunque no fuera así, ya se lo había confesado la primera vez que fue a suplicarle por el bienestar de Naruto. La verdad era que resultaba un alivio que la deidad no pareciera guardarle rencor, en realidad, parecía bastante comprensivo.
Después de eso, inspiró profundamente, hinchando el pecho, y volvió a encontrarse con su paciente mirada dorada.
—Así que… es hora de ir al grano.
Taka asintió.
Así es.
Sasuke dejó escapar el aire que había estado conteniendo despacio, preparado para lo que venía a continuación.
—Entonces, ¿cuál es el precio? —preguntó con decisión—. Juré que haría cualquier cosa que me pidiera si traía de vuelta a Naruto, y tengo intención de cumplirlo.
Una vez más, tuvo la sensación de que el halcón sonreía.
Tan solo pido lo que juraste el primer día que viniste aquí a rezarme para que le ayudara. —Él lo miró confundido, sin comprender. La deidad recitó su plegaria con orgullo—. Que no volverás a dudar de la voluntad de los dioses, que renunciarás al mar y a las aventuras que tendrías allí, que te desposarás con el hijo de Kurama y cumplirás con tu deber de darle un heredero. Que gobernarás sabiamente y protegerás tu reino pase lo que pase, que no volverás a rehuir tus responsabilidades ni a deshonrar a tu familia. ¿Cumplirás todo cuanto me juraste aquel día?
A Sasuke se le formó un nudo en la garganta por la emoción. No sabía muy bien por qué, había pensado que tal vez tendría que llevar a cabo alguna hazaña para Taka, algo que implicara estar separado de Naruto durante algún tiempo o hacer algo sumamente peligroso, arriesgando así el futuro pacífico que ahora anhelaba tener con él.
Pero, al final, su dios tan solo quería que cumpliera con sus responsabilidades. Unas que, ahora, había aprendido a apreciar y desear. Gracias a su esposo.
—Lo juro —prometió con vehemencia.
Bien —comentó Taka mientras bajaba los ojos, como si estuviera pensativo. Sasuke no dijo nada, pero intuyó que todavía no había terminado la conversación, por lo que se limitó a esperar en silencio. Al cabo de un escaso minuto, el halcón lo observó de nuevo con atención. Su mirada era indescifrable—. Hay algo más que deseo pedirte, tómalo como un favor personal… y un consejo de parte de todos los dioses.
Se irguió un poco, comprendiendo que era algo de suma importancia.
—Lo que sea, mi señor.
Taka abrió las alas y se dejó caer desde la estatua que lo representaba, planeando hacia él. Sasuke contuvo por unos instantes el aire, pues el dios de su tierra estaba a menos de un metro de distancia, tan cerca que, si alargara la mano, podría tocarlo.
El ave aterrizó grácilmente agitando las alas y dio unos pasos más. Apenas los separaba un palmo de distancia, pero no se atrevió a hacer ni el más mínimo movimiento, como si pudiera espantarlo. Ahora que tenía a la deidad justo delante, pudo apreciar que el color de sus plumas era de un blanco irreal, tan puro y brillante que no parecía pertenecer a aquel mundo, a tal punto que, cuando los rayos del sol incidían sobre él, daba la impresión de que tuviera luz propia. Del mismo modo, las motas oscuras que salpicaban su cuerpo resplandecían con reflejos azules.
Sin embargo, fueron sus irises dorados los que captaron toda su atención. Jamás habría imaginado que la mirada de un dios, poderoso e inmortal, pudiera reflejar tanto temor e inquietud.
Sé que no es necesario que te lo pida, soy consciente de que lo harás de todos modos, pero necesito que comprendas por qué. —Hizo una pequeña pausa, que a Sasuke lo llenó de tensión—. Sasuke, es de vital importancia que protejas a Naruto.
Aquellas palabras lo golpearon con tal dureza que le sorprendió no estar tirado en el suelo, con la habitación dando vueltas. De repente, fue como si hubiera vuelto al día anterior, a aquella agonía, cuando se debatía entre aceptar la muerte de Naruto y dejarse arrastrar por el dolor, o aferrarse a la esperanza de que hubiera logrado sobrevivir de algún modo. Era como si volviera a revivir aquel miedo.
—… ¿Cómo? —logró balbucear antes de obligarse a centrarse en la situación. Naruto estaba sano y salvo en la habitación, estaba perfectamente. Eso quería decir que, fuera lo que fuera lo que iba a pasar, podía enfrentarlo, podía protegerlo. Y lo haría. Se negaba a permitir que volviera a ocurrirle nada malo—. ¿Por qué? ¿Qué va a pasar?
El halcón clavó sus serios ojos en él.
Naruto ya te contó lo que les ocurrió a los creadores antaño, ¿no es así? —Él asintió, muy atento—. Él tenía parte de razón cuando dijo que los creadores dejaron de nacer al abandonar sus responsabilidades, pero también hubo otra razón. —Taka hizo una pequeña pausa, y pudo jurar que vio cierta dureza en su mirada, como si estuviera hablando de algo muy grave—. Probablemente no puedas entenderlo, pero todos estamos conectados a este mundo de un modo más íntimo del que puedas imaginar. Los dioses, los hombres, la tierra, los creadores. Todo cuanto nos ocurre influye de algún modo en el resto de las cosas. Aquella guerra no fue una excepción, y la masacre de los creadores fue un desastre para todos.
Sasuke frunció el ceño.
—No… No lo entiendo.
Lo que quiero decir es que hay un equilibrio en el mundo. La masacre de los creadores fue el inicio, lo que empezó a desestabilizarlo todo, y cuando los supervivientes decidieron dejar de lado sus deberes, las cosas se torcieron todavía más. En un intento por recobrar el equilibrio, los dioses dejamos de crearlos, y funcionó durante un tiempo, permitió que el mundo se recuperara del desequilibrio que provocaron los hombres en primer lugar.
—¿Qué desequilibrio fue ese? —preguntó Sasuke.
Eso no puedo decírtelo, sería demasiado peligroso que esa información cayera en manos de los mortales, pero puedo decirte que fue lo bastante grave como para hacer que la tierra enfermera. Los creadores son una de las fuentes de fertilidad de la tierra, como ya habrás visto en el Reino del Fuego. Al estar ellos privados de sus poderes, la tierra perdió esa fuente y, además, los hombres estuvieron a punto de extinguir la otra. Fue por ello que tuve que crear a Indra. No habría importado que aquellos a los que llamaron Tiranos gobernaran el mundo, este habría muerto en menos de un siglo si la situación hubiera continuado como hasta entonces.
Sasuke arrugó el ceño, tratando de ver cuál era la relación entre aquella guerra y Naruto…
A menos que…
—Has dicho que el hecho de que dejaran de haber creadores estabilizó el mundo por un tiempo. ¿Eso quiere decir que ya no funciona? ¿Que la única fuente de… vida que hay ahora mismo se está extinguiendo?
Exacto. Los hombres la están envenenando sin darse cuenta, y no había creadores que pudieran restaurarla. Por eso nació el hijo de Kurama, el primero de muchos que vendrán. Por eso tuve que ponerlo a prueba en el precipicio, por eso le hice elegir entre su vida y su naturaleza de creador. Fue la misma elección que hicieron sus antepasados, los dioses debíamos estar seguros de que no ocurría lo mismo otra vez. Él superó la prueba, a pesar de que no era una decisión fácil. Tenemos mucha fe en él, está destinado a grandes cosas… y necesita a alguien a su lado que le ayude, que le dé fuerzas. Como tú ya has hecho muchas veces.
Sasuke hinchó el pecho, un poco sobrecogido por el destino que le había tocado a vivir a Naruto… Aun así, asintió, solemne, y se llevó una mano al pecho.
—Juro que estará a salvo mientras yo viva, y que haré todo lo que esté en mi mano por ayudarlo en la misiones que le encomendéis los dioses.
Taka asintió y abrió las alas, preparado para marcharse.
Sé que lo harás —dijo antes de elevarse en el aire—. Recuerda, se avecinan tiempos de sangre y oscuridad. Debéis estar preparados.
Sasuke contempló el ventanal por el que la deidad salió volando con el corazón en un puño. No estaba muy seguro de cómo ayudar a Naruto en la labor que le encomendaban los dioses, de hecho, estaba bastante seguro de que ni él mismo era consciente de ello… Pero, fuera como fuera, cuando llegara el momento de cumplir su destino, él estaría a su lado para cumplir el suyo. Protegerlo.


Naruto parpadeó cuando el fuego de Kurama lo liberó.
¡Vaya! Era una de las visiones más curiosas que le había mostrado… y, ¿para qué iba a mentir?, probablemente la más divertida que había contemplado hasta el momento. Iba a ser de lo más interesante observar cómo se desarrollaban las cosas…
Entonces, detectó en el aire un olor conocido y giró la cabeza. No se sorprendió al ver a Korin en la puerta de la habitación, armada con su espada en la mano. Sin embargo, sí le llamó la atención ver que ya no tenía la armadura y la capa de comandante, ahora vestía como un soldado raso. Además, vio que tenía una cicatriz que surcaba su mejilla que no tenía antes.
—Alteza —saludó ella con una inclinación de cabeza.
—Soldado Yukino —respondió él.
Tras las presentaciones, Korin empezó a acercarse muy despacio a la vez que Naruto no le quitaba la vista de encima. Pese a la lentitud de ella, sus movimientos eran fluidos y calculados, como los de un depredador experimentado, y su arma apenas se balanceaba más que unos pocos centímetros, manteniéndose firme entre los fuertes dedos de su dueña.
El creador no se inmutó cuando la tuvo delante, se limitó a seguir observándola. Ella lo miró a los ojos unos segundos, como si buscara algo en ellos antes de que una determinación inquebrantable apareciera en sus gélidos irises grises.
Entonces, alzó la espada… y se arrodilló ante él. Dejó su arma entre sus manos y se la ofreció a la vez que bajaba la cabeza.
Naruto permaneció impasible. Aun así, le preguntó con calma:
—¿Me ofreces tu arma?
—Le ofrezco mi vida, alteza —respondió ella con decisión.
Él no mostró ninguna expresión, no pareció mínimamente sorprendido.
—¿Y por qué debería tomarla?
—Por lo que ocurrió en la Montaña Sagrada, alteza —dijo la mujer con cierta decepción y dureza en la voz—. El príncipe Sasuke deseaba ir a buscaros cuando vio que se avecinaba una ventisca, pero yo no se lo permití. Fui contra sus órdenes y lo dejé inconsciente para llevarlo de vuelta al castillo. Lo abandoné a su muerte en el hogar de Taka.
Naruto contuvo las ganas de maldecir a su prometido en voz alta. Tendría que haberse imaginado que el muy cabezota habría intentado algo así. Pero, ya se preocuparía más tarde por echarle la bronca al respecto, ahora tenía que aclarar esto.
—¿Acaso no juraste proteger a la familia real de vuestro reino contra todo mal?
—Así es, alteza.
—¿Acaso no tenéis prohibida la entrada a la Montaña Sagrada?
—En efecto, alteza.
—En tal caso, ¿por qué me ofreces tu vida cuando hiciste lo que debías hacer según tus leyes?
—Porque no lo hice por los motivos correctos —respondió ella entre dientes, como si la culpa le impidiera hablar—. En aquel momento, no podía… No deseaba que el hombre al que amo muriera por alguien a quien creía indigno de él.
Naruto asintió.
—¿Y crees que por eso mereces la muerte?
—Deshonré mi juramento y a la familia real que me confió su vida a causa de mis sentimientos. No merezco seguir viviendo.
—Pero cumpliste con tu obligación. Es verdad que lo hiciste por razones poco nobles, pero hiciste lo que debías hacer. Aunque tú o el príncipe os hubierais adentrado en la Montaña Sagrada, jamás me habríais encontrado en una ventisca, habríais muerto congelados antes. ¿Qué sentido tenía entonces perder vidas inútilmente?
—El príncipe Sasuke no lo ve así —replicó Korin con cierta tristeza.
Naruto ya se lo imaginaba.
—Sasuke, a veces, actúa movido por la rabia. Puede que no le falten motivos para estar furioso por tus actos, pero no cambia el resultado. Le salvaste la vida. —Hizo una pequeña pausa—. ¿Qué opina el rey Fugaku, en cambio?
La mujer se demoró un momento antes de responder:
—Hice lo que debía hacer, pero abandonarlo a usted implicaba una posible ruptura con la alianza del Reino del Fuego, lo cual habría tenido graves consecuencias para nuestra tierra. Me degradó a soldado raso.
—Pero consideró que no tenía sentido arrebatarte la vida.
—No, alteza.
—Y, aun así, vienes a pedirme que te mate. ¿Por qué?
—Porque no quiero vivir con esta vergüenza sobre mí —contestó, alzando la cabeza. Fue la primera vez que Naruto vio su rostro deformado por la desesperación—. Hice un juramento y lo he roto por culpa de mis sentimientos. Ese juramento lo era todo para mí, era la piedra angular de mi vida y me sentía orgullosa por dedicarla completamente a mi deber para con mi reino y la familia real. Y ahora, les he fallado, por puro egoísmo.
El creador la observó detenidamente, calibrando sus palabras y sus emociones. Al final, su mirada se ablandó.
—No fue egoísmo. Tan solo querías proteger a alguien a quien quieres.
Ella bajó los ojos, como si quisiera ocultar sus sentimientos, y bajó la cabeza de nuevo, más que en una reverencia, parecía un signo de vergüenza.
—Por favor, acabad con mi vida.
—Aunque quisiera, no podría hacerlo —respondió Naruto sin vacilar—. Los creadores tenemos prohibido arrebatar la vida de nadie.
Korin ni se inmutó, al contrario, reaccionó con un veloz movimiento, haciendo girar la espada con una facilidad y fluidez que delataba horas y horas de entrenamiento diario a lo largo de los años, para colocarse la punta del arma en el bajo vientre.
—En ese caso, ordénemelo. Yo misma lo haré.
Naruto bajó los ojos hacia su arma un segundo antes de buscar sus ojos.
—Mírame, Korin. —Ella se movió un poco, pero no se atrevió a hacerlo—. No te atrevas a pedirme que te ordene quitarte la vida sin tener la decencia de mirarme a los ojos.
Escuchó que ella inspiraba aire abruptamente, como si la acción siguiente requiriera un gran esfuerzo, y, después, poco a poco, como si temiera que viera algo en sus ojos, alzó la cabeza y se encontró con su mirada. Y, en ella, lo vio todo. Vio muchas facetas de la mujer que tenía enfrente, no solo la de la comandante inmutable, o la de la soldado llena de lealtad, o la de la joven atormentada por un amor imposible, sino unas cuantas en las que mostraba su faceta más humana, sus miedos, sus inseguridades, y los sacrificios que había hecho para llegar adonde estaba.
Relajó los hombros y, sin mediar palabra, tomó su espada para dejarla sobre su regazo. Korin volvió a bajar los párpados, siendo consciente de que el creador había visto demasiado en ella.
—Aquella noche en la que hablamos —empezó este, llamando su atención—, me diste tu opinión sincera acerca de mí. Ahora voy a ser yo quien diga lo que veo en ti. Veo a una orgullosa guerrera del Reino del Hielo, que sacrificaría gustosa su vida en el campo de batalla por su país y su gente. Veo a una mujer fuerte y valiente que ha pasado toda su vida luchando por llegar adonde está ahora. —Hizo una pausa, mirándola con total seriedad—. No me creo que alguien como tú vaya a escoger la vía fácil por un único error.
—¿La vía fácil? —preguntó Korin, confundida.
—La muerte es tu forma de huir de lo que has hecho —respondió Naruto despacio, procurando usar bien sus palabras—. Esa no es forma de morir para una guerrera como tú, y no consentiré que lo hagas. No huyas ahora, Korin, no después de todo lo que has conseguido por ti misma. Enfréntate a ello. Busca la forma de superar esa vergüenza que te carcome.
Ella lo miró asombrada durante unos instantes, en absoluto esperando esa respuesta, pero, también, un poco admirada. Debía admitir que, incluso después de su llegada de la Montaña Sagrada tras sobrevivir a una ventisca, incluso cuando creyó que ese muchacho era mucho más valioso de lo que había pensado, no creía que pudiera ser tan indulgente ni tan… sabio. Porque sus palabras le habían llegado muy profundamente, le habían hecho recordar que, en efecto, ella era una soldado fuerte y valiente, una guerrera del Hielo. Y los guerreros del Hielo, no huían de nada.
Entonces, supo lo que tenía que hacer y la decisión la embargó.
Naruto sonrió, sabiendo que ya había decidido su destino, y le entregó su espada. Ella la aceptó sin vacilación y, con otro movimiento grácil, la apoyó en el suelo e inclinó la cabeza.
—En tal caso —pronunció ella—, para enmendar mis errores, le presto mis servicios y mi vida, alteza. Juro permanecer a su lado para protegerlo de cualquier mal que pretenda asolarlo y defender su honor con mi espada hasta que expire mi último aliento. Juro que consagraré mi vida a su protección, y que no habrá poder terrenal que me impida vengar las ofensas cometidas contra usted —dicho esto, lo miró con determinación—. Le juro mi lealtad, desde este día hasta mi último día. Los dioses sean testigos de este juramento, en el que ofrezco mi sangre como sacrificio. —Entonces, Korin se cortó la palma de la mano y se la ofreció al creador.
Naruto asintió con solemnidad. Un Juramento de Sangre no era algo que pudiera tomarse a la ligera, era una promesa que los guerreros de antaño hacían solamente cuando estaban dispuestos a todo con tal de cumplirla, pues no hacerlo ponía en duda su honor y su carácter noble. Era algo que el guerrero debía cumplir a cualquier coste, o morir en el intento. Y Korin acababa de jurarle su vida.
Debía de estar muy decidida a enmendarse.
Correspondiendo su gesto, él también se cortó la palma de la mano y estrechó la de ella con fuerza.
—Acepto tus servicios, Korin Yukino.
—Mi señor. —Pese a que no dijo “gracias”, su tono dejó entrever su agradecimiento y, en parte, un poco de alivio.
En ese instante, la puerta de la habitación se abrió, dejando paso a un tranquilo Sasuke que llevaba en sus manos una bandeja con el desayuno. Al ver a Naruto con Korin, su rostro pensativo pasó a ser uno de absoluta confusión y desconcierto, como si su cerebro no acabara de asimilar la situación, pero, al cabo de unos momentos más, su ceño se hizo más profundo y sus facciones se tensaron.
—¿Qué está pasando?
Korin se puso en pie de un salto e hizo una reverencia, abriendo la boca para excusarse, pero Naruto se le adelantó.
—Korin acaba de convertirse en parte de mi guardia personal —respondió con un tono firme que no admitía réplica.
Sasuke hizo un movimiento negativo con la cabeza, incrédulo.
—¡¿Qué?!
Naruto, en vez de darle explicaciones, se limitó a observar:
—¿Por qué no dejas esa bandeja en la mesa antes de que se te caiga de las manos y hablamos del tema? —dicho esto, sin permitir que su marido abriera la boca para negarse a cualquier cosa relacionada con Korin, como sabía que haría, se dirigió a esta—. Korin, puedes retirarte. Durante la cena concretaremos tus deberes, si estás de acuerdo.
—Por supuesto, mi señor —respondió ella, haciéndole una respetuosa reverencia antes de dirigirse a la puerta.
Sin embargo, para ello, tuvo que pasar por el lado de Sasuke, cuya expresión furiosa avecinaba un ataque, pero Naruto, que lo vio venir, arrugó el puente de la nariz y lo fulminó con la mirada.
—Sasuke Uchiha, ni se te ocurra dejar caer al suelo mi desayuno. Te aseguro que no quieres enfrentarte a mí estando famélico y recién levantado.
Korin alzó las cejas, sorprendida, al ver que su príncipe se detenía al seco. Jamás se le habría pasado por la cabeza que Sasuke Uchiha haría tal cosa, pero, admitió, en su fuero interno, que le resultaba bastante curioso… Y, además, le hizo darse cuenta de algo: el creador tenía carácter suficiente como para atreverse a darle órdenes al rebelde príncipe.
Eso le gustó. Sí, se había apresurado al juzgar al creador a través de habladurías, pero ahora tenía la oportunidad de conocerlo de verdad y, ciertamente, tras hablar con él, estaba muy intrigada con él. Y con ese sentimiento, cerró la puerta de los aposentos, dejando a solas a los príncipes que, sin duda, iban a tener una larga discusión acerca de ella.
De hecho, Sasuke se apresuró en dejar la bandeja sobre el escritorio para enfrentarse a Naruto.
—¿Qué acabas de decir?
El creador respondió como si no fuera nada del otro mundo.
—Que Korin va a formar parte de mi guardia personal.
Sasuke frunció el ceño con desagrado.
—¿Después de lo que me contaste sobre ella y cómo te hizo sentir?
Naruto lo miró alzando una ceja.
—¿Debo preocuparme porque vaya a encontraros un día follando? —preguntó con escepticismo, aunque eso hizo que el otro hombre enrojeciera, ofendido.
—¡Claro que no! Naruto, tú no lo sabes, pero ella…
—Te salvó la vida —terminó él, contundente y mirándolo seriamente.
Sin embargo, el Uchiha no lo veía así.
—Te abandonó para que murieras.
—Te equivocas, solo pensó en ti, en salvarte la vida. Puede que lo hiciera por los motivos equivocados, pero no quita que, gracias a ella, tú estás aquí, sano y salvo, conmigo.
Sasuke abrió la boca para replicar pero, entonces, recordó la conversación de Taka y la prueba a la que había sido sometido. Tal vez, las acciones de Korin habían sido necesarias para que él pudiera aprender de esa prueba, aprender, tal y como le había dicho la deidad, a ser consciente de lo que podía hacer y lo que no, y a tener fe en Naruto. Era cierto que, si ella no le hubiera llevado de vuelta a la fortaleza, probablemente habría muerto en la ventisca congelado, buscando inútilmente a su rubio entre la nieve.
Sin embargo…
—Naruto… —dijo, acercándose a él hasta sentarse a su lado y coger sus manos con suavidad—. Ya hemos tenido bastante con todas mis amantes del pasado, no creo que sea una buena idea llevar a una de ellas con nosotros. Y menos después de lo que ha pasado con Sakura. Además, no confío en ella.
Esta vez, fue el turno de Naruto de acariciarle las manos en un gesto que pretendía tranquilizarlo. Sus ojos azules mostraban cierta compasión.
—Sasuke, esa mujer ha venido aquí a pedirme que acabe con su vida. No creo que sea como Sakura, creo que se siente realmente culpable por lo que pasó, y que es posible darle una oportunidad para cambiar.
—Las personas no cambian, Naruto. Mira a Sakura.
—Sí lo hacen. Mírate a ti.
Sasuke se sobresaltó, pero tuvo que admitir que era cierto. Desde que llegó al Reino del Fuego y, a medida que iba conociendo a Naruto, había cambiado. Había aceptado la muerte de su madre y los designios de los dioses, había encontrado la valentía de asumir sus responsabilidades y de hacer lo correcto.
Sin embargo, Korin…
—No sé si ella podrá cambiar —dijo despacio, buscando un modo de que esa mujer no fuera con ellos.
Pero Naruto tenía otros planes.
—Oh, claro que lo hará —dijo con una misteriosa sonrisa que Sasuke ya conocía.
—¿Sabes algo que yo no sepa?
Su esposo lo miró con un brillo divertido y travieso, pero le acarició la mejilla con cariño.
—¿Confías en mí?
Sasuke estrechó los ojos ante la pregunta.
—En ti, sí. En ella, no.
—No te he preguntado sobre Korin, pero me vale. Déjame hacer las cosas a mi manera, te prometo que te vas a sorprender. Además, es inevitable que ella venga al Reino del Fuego a buscar enmendar sus errores.
Al escuchar la palabra “inevitable”, frunció el ceño.
—Naruto… ¿Has visto algo en el fuego?
—Lo que acabo de decirte —respondió alegremente su prometido.
—¿Y has visto algo más? —insistió, mirándolo con sospecha.
Su travieso esposo le dedicó una sonrisa diabólica que no le gustó lo más mínimo.
—Mierda…
—Solo ten fe, Sasuke. Ya verás que todo va a ir bien.